LA LARGA SOMBRA DE LA OBVIEDAD

LA LARGA SOMBRA DE LA OBVIEDAD

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LA LARGA SOMBRA DE LA OBVIEDAD


"...en una red es tan fácil conectarse como desconectarse...".

Zygmunt Bauman. Modernidad y ambivalencia.

obviar es una cosa y otra es obvio. 



Cuando alguien usa la expresión ¡ *obvio*!, aunque toca el sentido de lo entendido por obvio, lo acerca, dentro del episodio del Habla, al uso del vocablo *perogrullada*. Tanto obvio como perogrullada tienen, al ser incluidos en la práctica comunicatoria, una elevada carga de despección, de desdén ante lo que se supone es algo obvio o una perogrullada. Perogrullada se usa a veces acompañada con la palabra "verdad " ("verdad de perogrullo") para más enfatizar la descalificación que merece eso a lo que se le endilga el vocablo. Debido a ello los hablantes se cuidan de introducir nimiedades de perogrullo, mientras que hoy, de repente, a cualquier hablante dentro de un cuadro de cierta confianza, se le puede decir, puesto que obedece a cierta moda en el lenguaje, ¡obvio!, y no siente que se le ofende o se le demerita, lo hablado, tanto como con perogrullo. Tan demasiado se usa ¡obvio! que cada vez pierde su valor significatorio originario, y pasa a ser tomada la expresión en calidad de muletilla o de salida lingüística impertinente.

Como dejé dicho, una cosa es obviar y otra es obvio. Pese a tener la misma raíz, cada uno de los dos términos, se orientó a dos campos semánticos bastantes alejados uno del otro, no obstante se les puede usar incorrectamente al emplearlos en las hablas particulares.

*Obviar* está en el orden del evitar, del alejarse y del apartar. Obviar un asunto, por ejemplo, es no tomarlo en cuenta, es evitarlo por alguna razón. Si alguien se siente obviado, en la acepción que estamos refiriendo, significa que está siendo ignorado. En este orden, para la gente sociable, resulta demasiado pesado, verse obviado por otros. De ahí el cuidado de cometer "errores de obviedad" ante un amigo o ante un grupo socialmente importante.

Con todo, la obviedad, su problemática inherente, no se queda ahí en lo comunicado. Su sombra alcanza al ser humano y a sus comportamientos extremos. Pongamos un ejemplo de comportamiento extremadamente obvio. Busquemos un perro que le ladra desde su verja enrejada a quienes caminando le pasan enfrente. El perro cada vez que ve un transeúnte, furibundo le ladra. Que si pudiera salir del enrejado, el pobre transeúnte se vería en apuros con ese animal obviamente disgustado por haberle pasado él enfrente de la verja.  Igual sucede con un conductor que se enfurece con algún otro conductor que le hizo una maniobra con su automóvil y que no le gustó. Desde la ventana de su auto le lanza improperios (le "ladra") mostrando con el comportamiento verbal que se obvió, que no pudo procesar inteligentemente el error del otro conductor.

Así que cada vez que usted vea gente peleando de algún modo, reclamando altisonantemente a otro(s) en cualquier sitio, acabando vidrieras, quemando carros, llorar o gritar sin importarle o ver lo que está haciendo, usted, repito, tiene ante sus ojos gente que se obvia, que se hace obvia, como el perro del ejemplo, habida cuenta de que no está en la competencia psicológica y moral de limitarse en sus obviedades.

Obviar, lograr, pues, que alguien o muchos se obvie(n), constituye un ejercicio de influencia de algún Líder o de alguna medida política o económica de algún gobierno, que posibilitan el "obviamiento" propio de organismos salidos de control.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET 

UNA VISUALIZACIÓN (ECONÓMICA) DE LA ESPERANZA.

UNA VISUALIZACIÓN (ECONÓMICA) DE LA ESPERANZA.

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UNA VISUALIZACIÓN (ECONÓMICA) DE LA ESPERANZA.


UNA VISUALIZACIÓN (ECONÓMICA) DE LA ESPERANZA



"ESPERAR Y ESPERAR Y EN UN ETERNO ESPERAR SE NOS VA TODA LA VIDA".

FRAGMENTO DEL POEMA DE ANDRÉS ELOY BLANCO "COPLAS DEL AMOR VIAJERO".

Sólo en un sitio y en una situación ideal, de absoluta idealidad, como el "Infierno" creado por el florentino Dante Alighieri en su Divina Comedia, se puede recomendar a los que van entrando ahí, al averno, que abandonen la esperanza. Ya es muy sabida la recomendación que puso el poeta a la entrada del ideal sitio: "Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza", con lo cual quiso significar, entre otras cosas, que en ahí, en tal lugar terminal, la esperanza (ya) no hace falta. Conservarla sería vista como un peso innecesario, dentro del paquete de pesos que el residente (infernícola) le toca llevar o soportar. En pocas palabras, es un lujo, una superfluidad, tener "esperanzas" en donde no hace falta. Sería posible que el conservarla formaría parte de los sufrires del habitante que para siempre, estará allí.

Ahora, ¿por qué hablamos de idealidades? Sencillamente porque nada más en las abstracciones, en las puridades ideáticas (reino celestial, reino de las tinieblas, paraísos terrenales, cuentos de hadas...) se puede hablar de situaciones o realidades creadas, exentas de economías y de expectativas racionalizadas por la utilidad inmediata o mediata. 

Cuando Dante (en su Divina comedia) solicita "abandonar la esperanza", está partiendo del principio elemental de que en el infierno no hay mercado. Esto es, de que en el infierno (o en la gloria o sitios así) no hay posibilidad de intercambiarse. Que el que es introducido en sus espacios invisibles (pero sí sentibles), no cuenta con nada para intercambiar con lo que ahí se le va a suministrar en proporciones exactas en la administración del sufrir. Visto así, el infierno respondiendo a la logicidad de las idealidades, es un lugar de estricta justicia, habida cuenta de que no sólo se le practicará un tormento a alguien (invisible pero sensible), sino que tal tormento será en la cantidad y calidad que el atormentado merece y puede soportar en la infinitez del no-tiempo ideal.

Si hubiere, respondiendo a este orden, que cambiar la frase dantesca, podría ser más o menos en estos términos: "Abandonad la esperanza que aquí no tenéis nada para comerciar".

Fuera del alcance de las idealidades, muy distantes de los mundos especiales, regidos por entidades exactas e inapelables, abordar la esperanza, llevarla a la teoría para hacerla tematizable y (hasta) comprensible, nos conduce inevitablemente a tomar en consideración las condiciones materiales y no-materiales con la que la "esperanza humana" (dispense usted la redundancia) se hace posible.

La esperanza, como todo lo humano, es un producto histórico-social, y con esto no se está diciendo nada nuevo. Lo nuevo, si cabe, es enfocar la esperanza como una consecuencia derivada de realidades donde los seres humanos existen padeciendo, entre otros tantos horrores, el "horror económico" (concepto creado por Forrester, socióloga francesa), el cual se puede decodificar como la máxima expresión de las diferencias sociales concebibles, pues describe que a pesar de que las grandes masas de personas en la Tierra deben trabajar para vivir, hay una mínima porción de la población que por la esencia de su estrato de clase, esos altos niveles de vida del que disfruta, los tiene garantizado mucho antes de que sus beneficiados, incluso, nazcan. De saber, de intuir, esa radical diferencia, nace (y se puede desarrollar) el "horror", "horror" que se disminuirá en la medida que se tenga (y se desarrolle) la "esperanza" como quizá, la única alternativa.

Hay "esperanzas" concretas, no basadas ni estimuladas por influjos espiritualistas-religiosos exclusivamente. Son las "esperanzas" que poseen aquellas y aquellos que por causas ideológico-partidistas, aparte de militar en movimientos políticos "progre-salvacionistas" (o sea, defensores a muerte ante los peligros externos que corre la patria), asumen de por vida e incondicionalmente, la plataforma ideológica con que esos movimientos operan. 

En Venezuela, para nombrar algunos, han habido dos casos en que los adheridos a sus partidos depositan sus esperanzas hasta la muerte (uno de ellos, llevó la esperanza de sus partidarios "hasta más allá de la vida"). Me estoy refiriendo a las experiencias de AD y del PSUV. La esperanza de sus militantes es tan fuerte que aunque presenciaron unos (los de AD) como el país se les desmoronaba ante sus ojos por la pobrería y la corrupción galopante a una rítmica bestial durante décadas, y otros (los seguidores del PSUV) que a pesar de que Venezuela atraviesa prolongadamente una inopia institucional única, y una superinflación devastadora, siguen ahí, resteados a toda prueba con su partido. AD probablemente más nunca llegará a gobernar y el PSUV, por su parte, probablemente jamás, por innecesaria, haga ninguna revolución, y sin embargo, cada uno de sus militantes, atrincherados desde la fuerza emanada de sus respectivas "esperanzas", continúa fiel e impertérrito con la fidelidad inamovible. Los ejemplos pueden extenderse al peronismo, al sandinismo, al castrismo, etc., pero este no es el lugar para detallarlos en las esperanzas que suscitan en enormes contingentes humanos. 

Lo que si es este el lugar es para afirmar que cualquier "esperanza" que se profese (bien para esperar la segunda venida de Cristo, bien para amar a otro para siempre, o bien para creer que las revoluciones son posibles), se hace obedeciendo, consciente o inconscientemente, a las leyes económicas de la inversión. Cada esperanza es el resultado de poner ilusiones, esfuerzos psíquicos, motivaciones y esperas instrumentales, focalizados en una expectativa, en un proyecto, en una futuridad, las cuales una vez que se invierten no se pueden abandonar en un tris. 

Abandonar una "esperanza" significaría haberse equivocado, haber perdido el tiempo en algo estúpido o en algo que no podía ser. Significa, en un solo plato, que se ha fracasado. El adherido a una "esperanza" prefiere, en el costo de oportunidad, proseguir con ella ha quedarse abandonado en la intemperie de lo incierto.

Ílmer Montana.
Pregado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET 

DESTRUCCIÓN CREATIVA

DESTRUCCIÓN CREATIVA

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destrucción creativa

DESTRUCCIÓN CREATIVA



"La globalización, la liberalización y la digitalización están convirtiendo el mundo entero en una versión moderna del bazar de Estambul".

Alan Murray

La riqueza de la nueva economía.

Muy pocos son los conceptos en economía que como este (Destrucción Creativa) ponen de relieve la dialéctica macabra de los procesos productivos, los cuales, entre tantas paradojas, encontramos la destrucción. O sea que un proceso productivo (o un conjunto de procesos orientados a producir) se mide y se evalúa no tanto por lo que produce en cantidades y calidades de bienes y servicios, si no por lo que destruye o pueda destruir a su paso constructor. 


Es decir que en proyecto de índole creadora, para que sea tomado en consideración, debe presentar aparte de lo que va a generar como nuevo, lo que va a destruir. Lo que va a ser destruido a partir de los logros obtenidos por el proyecto, pasaría inevitablemente a la categoría de obsoleto, de que su tiempo económico ya quedó atras.



Por eso es que en las economías competivistas, el competivismo que las alienta, presenta luchas de tanta agresividad para no ser desplazado o desplazar, que muchos teóricos aplican a esta dialéctica infernal, el nombre de "guerra económica", la cual como guerra pone en enfrentamiento por ejemplo, a las marcas (de gaseosas, de neumáticos, de partidos políticos), o a los propios países en su búsqueda de alcanzar buenos lugares en los rankings de productividad, de cientificidad y de liberalidad económica para ser visto así como países de punta.

Este término (D.C.) en la historia económica lo tocó por primera vez el sociólogo y economista Werner Sombart, escritor de El burgués, pero quien lo popularizó en occidente fue el austríaco Joseph Schumpeter en un libro que escribió en 1942 llamado "Capitalismo, socialismo y democracia".



Finalmente podemos decir que toda actividad económicamente destructiva debe fijar en sus proyecciones qué nuevo bien o qué nueva generación de servicio acarreará; qué metodología innovadora ofrece; qué mercados inexistente aperturará; qué fuentes energéticas emergentes le servirán de apoyo y qué monopolios o posicionamientos mercadológicos se vendrán abajo si sus miras se cristalizan.



Para entender críticamente las economías atrasadas, atrasadas bajo la lógica de la destrucción creativa, verbigracia las economías latinoamericanas, hay que abordarlas dentro de la circularidad con que se mueven. Sin importar el tiempo que tengan esas economías es muy poquito, por no decir nada, lo que destruyen. Para ellas, para esas economías tan empobrecidas y tan empobrecedoras, pasan las décadas y más décadas -hasta siglos algunas- y siguen ahí, paradas, detenidas en la intemperie del tiempo económico, viviendo sus gentes de lo que Dios, o Satanás, les dejó en el suelo, tal vez esperando que fuerzas foráneas vengan a destruirlas. Esto es, vengan a crearles nuevas economías.

Ílmer Montana.
Pregado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET 

EL INCONVENIENTE (IMPRODUCTIVO) DE SER TÍMIDO

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EL INCONVENIENTE (IMPRODUCTIVO) DE SER TÍMIDO

EL INCONVENIENTE (IMPRODUCTIVO) DE SER TÍMIDO


   "Estaba tan cansado de todo el mundo que me daba miedo que alguien me viese"
  Klima, personaje de La despedida. Novela de Milan Kundera.

Si hay alguien que le teme a un "NO", es la persona tímida.

Siendo el tímido dentro de su mundología íntima muy distinto a lo que someramente se cree de él por la aspectualidad habitualmente apocada que registra, no tolera un "no" porque esa palabra, esa corta expresión, contentiva de una negación, a veces rotunda, en su personalidad temerosa,  alcanzaría un peso insoportable que él como tímido la evita a como dé lugar. Siendo así, por no oír un hipotético "no" de la dama de quien gusta, por ejemplo,  no se atreve a nada ante ella y sin quererlo se comporta hasta torpe ante ella. Ella, viéndolo tan cortado no le queda más remedio que disculparlo etiquetándolo como "tímido". Otro tanto semejante, siguiendo con los ejemplos, le ocurre con la búsqueda de trabajo. Presentarse en una empresa como demandante de empleo, le resulta cuesta arriba. Si va a buscar trabajo, de inmediato por las señales que regala, le endilgan el san Benito de "tímido".

¿Y por qué esa miedosidad espeluznante  a un probable "no"? Bueno, simplemente porque nuestro personaje en su fuero interno adolece por la medida chiquita, del complejo del emperador quien como tal, en medio de su magnanimidad, entre otras cosas, no admite a que se le diga que no. Un "no" al emperador, al tirano, al jefe supremo de algo, sería terrible para su elevada autoestima. Al respecto, y con esto termino esta parte, le cito lo observado por una de las grandes autoridades en la lucha contra la timidez, el estadista nipón del siglo XII Yoritomo Tashi. Dice el estadista, refiriéndose al tímido: "El culto hacia sí misma en la persona tímida se le convierte en una Deidad cuyo altar está en su corazón". O sea, que considerar al tímido en el rango de idólatra de sí mismo, no sería una exageración.

Siendo la timidez ubicable en la amplia esfera de los arquetipos del temor, no sería un asunto de  importancia para la vida económico-material, si sus secuelas no traspasaran los parámetros de su intrincada psicología. Esto es, si las consecuencias de su alma estrecha (y estrechada) sólo fueran motivo para que los profesionales de la conducta privada, se ocuparan de ella.

Empero no resulta así de fácil, habida cuenta de que la timidez, al apoderarse de una persona, la incide, la sacude de tal manera, que todo lo concerniente a la producción -desde el trabajo escolar, pasando por los juegos hasta las labores remunerativas- se ve afectado.

Fíjese usted lo implicado en el paquete psicogénico del tímido. 

De entrada, alguien intimidizado, alguien penetrado por las oscurantistas fuerzas del temor en grado superlativo, le ocurren a su interno una totalidad de variables movilizadas en dirección negativa  en su contra. La confianza se le contrae. Contraída la confianza que es la base para erigir el comportamiento orientado a la consecusión de fines, se eleva la curva de la inseguridad. Los niveles de  inseguridad traen por su lado, un acumulamiento de vacilaciones, las cuales, y de modo inminente, le generan al sujeto incertezas, que aunque no lo quiera -nadie quiere eso para sí mismo- a su vez le aumenta la cantidad de desconcentración en lo que va a hacer o se esté haciendo. Tomándola como una línea, la desconcentración se proyectará sin control alguno. Y como es sabido, en ninguna actividad por realizar se le permite al sujeto que la llevará a cabo, que esté desconcentrado.

Debido a eso, a esa incapacidad e incompetencia que la timidez trae consigo,  unas sociedades milenarias como la japonesa y la coreana, no sólo no acepta, apreciándola mal,  a la gente que sufre de la fobia social llamada _taijin_ _kyofusho_ , (sonrojarse, temblar, tartamudear...) sino que se cuida de experimentarla ante los demás porque eso sería faltarle el respeto. Desde pequeños los japoneses y coreanos son preparados por los adultos para que no luzcan societalmente inhibidos. Logrando combatir la inhibición indudablemente se garantizan la aceptación en los grupos y en el universo de los trabajos. 

 El coreano y el japonés, y ojalá nosotros también, asumen de que se es tímido en la medida que no construimos en nuestro interior ideas y sentimientos edificantes.


Ílmer Montana.
Pregado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET 



EL CONTROL SOCIAL Y LA POSIBILIDAD DE SUFRIR

EL CONTROL SOCIAL Y LA POSIBILIDAD DE SUFRIR

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universo vocabular

EL CONTROL SOCIAL Y LA POSIBILIDAD DE SUFRIR

        
SOLO SE PIENSA EN LA MEDIDA EN QUE NO SE LOGRA COMPRENDER.
     CORINNE ENAUDEAU. 
LAS PARADOJAS DE LA REPRESENTACIÓN.

El Control social sobre una población nacional, se trate de cualquier país, sea desarrollado o atrasado, no se remite solo a dominarla en situaciones más o menos normales en lo económico y en lo social. Tal Control necesario -necesario para que las clases del Poder no se vean amenazadas en ese Poder- también se extiende a situaciones y coyunturas extremas (guerras, bloqueos, inflaciones estrafalarias, invasiones, etc). Esto es, que el Control en su estrategia, despliega toda una suerte de ideas, nociones y valorizaciones, con las cuales la población media pueda aceptar y justificar como conveniente alguna circunstancia escapada de lo que se tiene como "normal vida".

Bajo esta referencia, tomemos el caso venezolano y en concreto las "medidas económico-financieras de presión" ejercidas por USA contra el oficialismo chavista. En lo tocante a la población pro-oficialista esas medidas, (llamadas ideológicamente "bloqueo económico, o "bloqueo", a secas), vienen a ser como la gran prueba que la "revolución bolivariana" requería para demostrar patrióticamente al mundo su capacidad de resistencia. En esa postura y dentro de su lógica antiimperialista, las medidas foráneas en su contra, le vendrían a fortalecer la moral a los revolucionarios.  Eso por el lado del pro-oficialismo. Por el lado de los opositores opera una valorativa que reduce la proclividad a sufrir por ese mismo "bloqueo". Para el opositor medio gracias a esas medidas, a esas presiones de USA él se llena de "grandes esperanzas" porque si surten el efecto que él aspira, el "régimen", dentro de su lógica anti-oficialista, caerá.

Ahora cabe preguntarse, ¿si es así, entonces quiénes son los que sufren la áspera y amarga realidad venezolana? Bueno, quienes sufren -en respuesta a la pregunta- son eses seres humanos que por ciertas y determinadas habilidades mentales, no tienen la competencia de aceptar las racionalidades (que son tomadas por ellos como "vulgares patrañas") que la gente del Poder (la que intenta obtenerlo y la que pretende retenerlo) elabora e impone por la vía mediática a unos gruesos sectores poblacionales, con los que ellos no se encuentran identificados.

De ahí, de esos seres humanos sufrientes por no aceptar las matrices ideológicas de las cópulas políticas dominantes de la escena nacional, emergen, bien los emprendedores que se atreven a retar a la anarco-economía repleta de ambigüedades, o bien emergen esas enormes cantidades de emigrantes que salen despavoridos, y sin mirar atrás, a buscar con la incertidumbre usual en estos derroteros, un destino en donde suponen Dios los está esperando.


Ílmer Montana.
Pregado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET 



LA SOBREVIVENCIA ECONÓMICA

LA SOBREVIVENCIA ECONÓMICA

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LA SOBREVIVENCIA ECONÓMICA


"...esconderse en las grietas del sistema es mucho más fácil".

David Bolchover. Los muertos vivientes.

Sin manejar un aproximado conceptual relativo al fenómeno del sobrevivir, no podríamos elaborar una idea acerca de la "sobrevivencia económica".

Toda persona que no esté con su hacer, con sus pensamientos y con su valorativa (axiología), direccionada a trascender lo estrictamente económico-utilitario, a través del propósito del aumento de sus niveles humanísticos -esto es, niveles intelectuales, estéticos y espirituales-, inequívocamente como persona social, puede ubicarse en la basta esfera de la sobrevivencia.

En esa esfera la sobrevivencia no implica necesariamente escases. Alguien pudiera como deportista famoso, como cantante posicionado de las masas, y cosas así, obtener ingentes cantidades de ingresos monetarios y sin embargo, no soportando por sí mismo el peso de ser popularmente importante, buscar para aguantar su drama, el lenitivo de las drogas. En ese sentido, la supuesta celebridad popular, experimentaría una doble sobrevivencia: 

1) que sobrevive pese a que es importante para las masas gracias a la(s) droga(s), y 
2) que a partir del consumo d alicientes artificiales, comienza la sobrevivencia a ese apoyo ficticio. 

Claro, es tan horrendo tal modo de sobrevivir que de repente una buena noche opta por suicidarse, o en su defecto, su pobre cuerpo, que no tuvo culpa de que su dueño fuera tan famoso, no tuvo otra salida que colapsarse.

En el propio orden de lo estrictamente económico-utilitario, la historia conoce el caso de la Standard Oil, compañía petrolera que no pudo sobrevivir a ser la trasnacional petrolera más importante del mundo, y tuvo que desaparecer físicamente en 1911, aguantando ser importante sólo 41 años.

De manera tal que nada más en Lo económico podemos ver el despliegue de los sobrevivientes, que con recursos o no, están sometidos a ese rigor. En consecuencia se puede desmontar terminológicamente la sobrevivencia como un proceso donde hay un plus de tiempo (o excedente d tiempo), e igual donde hay un límite que designa que a partir d él, del límite, se inicia un tiempo d persistencia, el cual se experiencia como una suerte d existencia extra, bien de alguien en particular o bien de un colectivo en general.

Como quiera que sea, el sobreviviente en la medida que más se mantenga luego d un límite a veces predecible (de una enfermedad, de una fama, d una importancia o d una deficiencia) va adquiriendo por otro lado, grados significativos de heroicidad, al punto que en la medida en que esa heroicidad se incremente, pudiera convertirse para el heroico (particular o colectivo) en una carga q también obliga a sobrellevarla o a sobrevivirla.

Para calificar a un estrato socioeconómico de la población, los cientista d las ciencias sociales estilan tomar la Cesta Básica (alimentos + servicios) como el referente objetivo. Al respecto hay estratos que no sólo no tienen acceso a la Cesta Alimentaria, sino que ni siquiera a los bienes más elementales d ella. Otros estratos sólo pueden proveerse de los artículos de la Cesta Alimentaria. 

Se categoriza a una familia como pobre si sus ingresos le permiten acceder a la Cesta Básica, pues con ese acceso deja ver que no puede sobrepasarse a otros niveles de vida que no sean los básicos. Los cientistas sociales, en la pretensión de enseriar lo máximo posible su actividad profesional, no llaman ricos a los representantes de los discretos sectores con acceso a situarse más allá d la raya de la Cesta Básica. 

Llanamente estos sectores que pueden por ejemplo, viajar al exterior, comprar delicateses europeas, ir a conciertos mundiales de ídolos momentáneos del sonido, etc, son nombrados como sectores no-pobres. Esto quizá sea para respetar la dignidad de los poquísimos seres humanos que sí son ricos de verdad dentro de los parámetros de la filosófica discusión de quién es rico y de quién es pobre.

Si para la FAO se necesitan dos dolaritos diarios para que alguien califique en la categoría d "pobre extremo", hay muchos habitantes terráqueos, como el caso de una gruesa población venezolana, por ejemplo, que ni siquiera, por sus menesterosos ingresos mensuales, tienen la más pequeña posibilidad de ser conocidos de ese modo. Es decir, que como personas ni siquiera pueden aspirar a aspirar a que se les incluya en el renglón de "pobres extremos". Ser ubicados ahí, ser vistos en ese extremismo vital, sería para ellos un verdadero lujo; casi una distinción.

Total, independientemente de cómo subsistamos, de cómo persistamos en continuar en este mundo en calidad de vivientes, cuando se habla de sobrevivencia, es bueno enterarse, de que se está hablando, directa o indirectamente, de la media-vida (cuando mucho. Hay quien no llega ni a eso), del medio-existir. Y si es así, de que medio estamos viviendo, nos queda otra mitad d vida sin uso real. Algo parecido a lo que llaman los economistas de la productividad, "capacidad ociosa instalada". Con una vida a medias, un sobreviviente sería tranquilamente visto como un ser con una capacidad de vida no usada del todo, como un ocioso de su propia existencia.

A todos estos recovecos y a otros tan ásperos como los expuestos acá, estamos expuestos a sufrirlos y a repetirlos en ese apocalipsis diario que conocemos como la sobrevivencia económica, que percatándonos de su material realidad, resulta una redundancia, pues es la única sobrevivencia que en un mundo regimentados por las leyes de una economía autárquica, se puede dar.


Ílmer Montana.
Pregado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET