ALGUNAS PALABRAS DEDICADAS AL DIABLO... PARA QUE NO SE SIENTA EXCLUIDO

ALGUNAS PALABRAS DEDICADAS AL DIABLO... PARA QUE NO SE SIENTA EXCLUIDO

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ALGUNAS PALABRAS DEDICADAS AL DIABLO... PARA QUE NO SE SIENTA EXCLUIDO

Mientras haya quienes esperen el fin del mundo, o haya gente aterrorizada por los pecados cometidos, o miserables de espíritu clamando piedad, habrá Dios...Y Diablo también.
Idea extraída de El INFERNÓLOGO.

El Diablo diariamente se instruye y se sabiduriza registrando una alta curva de aprendizaje exponencial, para garantizarse la sobrevivencia ordinaria en un reino que no le pertenece. Y la sobrevivencia no deriva de la larga edad obtenida. Deriva de la propia naturaleza de ser el Diablo.

Su vejez, o mejor dicho, su tiempo sumativo, le va proporcionando al susodicho, mejores sagacidades y mejores astucias, para ponerlas al servicio de su misión terráquea básica, que no es otra que la de impedir -a como sea- el "segundo nacimiento" de los humanos seres, "segundo nacimiento" consistente en el acceso de las almas a lo espiritual, a lo estético y a lo intelectual, no de modo separado sino totalísticamente aprehendido.

Siendo esta la básica misión, debemos reconocer que unos de los logros objetivos obtenidos por tan encumbrada entidad -el apóstol Pablo con el debido respeto le llama en Efesios 2, el "El príncipe de la potestad del aire"- la podemos captar en el estatus espiritual en el que se encuentra detenida (alguien diría varada) la humanidad desde hace milenios y milenios de años.

Por estar detenida, empantanada, embasurada, la humanidad, los varones y las mujeres que la constituyen, no cuentan con los grados mínimos de grandeza humanística, que les permitan abandonar las ambigüedades exquisitas de los autoengaños.
Autoengañándose, llegan a creerse poseedores de la razón. Eso por un lado. Y por otro lado, convencidos de poseer la razón, creen que los demás andan errados. Y afincados en estos autoengaños, unos humanos viven en interminables guerras (militares, económicas, religiosas...), y otros viven en las placideses psíquicas, producidas por indiferencias absolutas.

De modo que cuando veamos por ejemplo que una pareja de esposos se convence sin vuelta atrás, que deben acabar la unión matrimonial debido a que las diferencias personales les resultan invivibles, o que los habitantes de un mismos país, poniendo otro ejemplo, se distancian irreconciliablemente entre ellos porque no se aguantan en virtud a los asuntos partidistas e ideológicos, cuando veamos esas cosa, repito, tenemos que enterarnos, o por lo menos sospechar, que la Majestad del aire está haciendo de las suyas.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET