EL ALMA Y SU SOMA

EL ALMA Y SU SOMA

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EL ALMA Y SU SOMA

 "Escucha a tu cuerpo, es más listo que tú". 
CEYSE, PSICÓLOGOS Y LOGOPEDAS.

I

El texto siguiente se debió a una respuesta dada por WhatsApp a alguien que también por WhatsApp estuvo de acuerdo con una idea bajada de Pinterest (Padme Bop), la cual reza esto:

"LO QUE NO RESUELVES EN TU MENTE, EN TU CUERPO SE MANIFIESTA". He aquí el texto: 

II

¨Esto es propio de mi reflexión. Ahora ya no es mío. Es tuyo para que se lo comuniques a quien, según tu criterio, lo merezca oír. Logré esto por provenir yo de una crianza de madre hipocondríaca, ducha en enfermarse ya que leía frecuentemente apuntes médicos hallados en revistas y periódicos que en proporciones considerables, la sugestionaban. Tuvo suerte que cuando vivió no había internet, pues hubiera comprado la ilusión de que todo lo referido a la salud, sin ser médicos, podemos saberlo y tratarlo.

Al margen de la aceptación de que la mente (aparato cerebral en activa función) y el cuerpo constituyen una dualidad o una unicidad, cuando la persona por alguna causa humana se inserta en alguna situación de alta significancia psíquica, almática o existencial, (digamos una quiebra económica, un resquebrajamiento irreversible de su vida sentimental, una deuda moral o dineraria impagable, etc.) cuyo peso específico y relativo, le roba toda la atención de la que es capaz, en eso donde está inserto, su psicología toda, buscando el desahogo necesario, la descentralización energética mínima, se remite para sentirse acompañado a lo que está a su alcance que no es otra cosa que el cuerpo mismo. Ese viaje de lo psíquico a lo corpóreo se le conoce como la somatización, en la cual ya la mente o lo mental, encontrando con que compartir la anomalía atosigante, compromete lo corpóreo. Y lo que al inicio era únicamente mental se metamorfeó no en corporal a secas, sino en un fenómeno mental-somático general¨.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET


EL PESAR COMO VALOR DE MERCADO

EL PESAR COMO VALOR DE MERCADO

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EL PESAR COMO VALOR DE MERCADO

" ¿Qué me dejó tu amor? mi vida se pregunta y el corazón responde: pesares, pesares". 
Verso de la canción Pesares del compositor colombiano José Benito Barros.


A

El mercado atrae a su lógica cualquier elemento real o imaginario inserto por alguna razón o causa, en la escenografía de la humana vida. Nada de lo existente se libra -o es librable- de la racionalidad de las leyes de la mercadocracia. Bajo sus leyes, cualquier relación social, cualquier valorativa de las cosas, se torna ineluctablemente en economía. Cuando hablamos de economía estamos hablando de la diversidad de mercados que aguas abajo de la humana vida, se concretan. Y aunque (nos) parezca exagerativo, son los mercados de los imposibles, de las referencias abstractas, como por ejemplo la fe en seres del más allá, sublimado este más allá como "celestiales"", o las creencias en posibilidades de aconteceres extremos, tipo "fin de mundo", "revoluciones libertarias", "cambios sociales radicales", etc., los que permiten el mantenimiento funcional del statu quo general-total. Huelga agregar que de ese statu quo, sea en lo macro, sea en lo discreto, hay gente específica que se beneficia en grande del cúmulo de cosas y de relaciones con que los distintos mercados dados permiten, yendo en detrimento terminal de enormes cantidades de gente cuya fundamental debilidad es aceptar en condiciones acríticas, todo el stock ideológico que los mercaderes les introyectan por diversidad de vías (familiares, escolares, eclesiásticas, medios electrónicos, culturas...) de manera estratégica para sus fines de gente socialmente dominante.

B

Según sea la carga fascinatoria de las causas que disparan las fes y las creencias, así serán sus probabilidades de suministrarle pesares a aquellas personas atraídas por el magnetismo fabular de dichas causas. En la generalidad de esas causas que llamaré proyectos-procesos, se conquistan mentalmente a sus seguidores, porque los creadores originarios con las persuasiones debidas, les colocan el valor ideológico de que pese a la transcendencia de lo que se buscará (y que se conseguirá alguna vez), ellos, los seguidores, "no tienen mucho que perder pero sí mucho que ganar". O sea los proyectos-procesos son presentados por los creadores originarios (vistos por los persuadidos en calidad de adalides) como un "juego a ganador", por medio del cual los que no tienen que perder porque entre otros definientes, no tienen nada, no tendrán que poner sino la fe o la creencia. Fe o creencia que mantendrán ante las vicisitudes y contingencias que los proyectos-procesos encuentren en el despliegue lanzado al oscuro horizonte histórico de lo incierto.

C

Son abundantes en la historia de los movimientos sociales de violencias (convencionales o asimétricas), los casos sostenidos por causas hiperhumanas (magnificencia de algo humano o de la totalidad humana) o por causas sobrehumanas (intervención inusual de deidades parcializadas), cuyas principales ofertas o bondades consistían en compensaciones prodigiosas para aquellos que se adhirieran a la consecución de sus excelsos propósitos. Uno de los casos más emblemáticos fue el ofrecimiento deslumbrante que le hizo el Dios bíblico (Jahveh) a Moisés de una tierra destinada por decisión del propio Dios Yahveh, a los israelitas. Al ser aceptada la causa el pesar se hizo el leitmotiv de la existencia de esa gente. Desde los tiempos bíblicos hasta mediados del siglo XX, la Tierra prometida constituyó el impulso para matar o morir por ella. Inclusive aunque habitando, el territorio, todavía es una razón para dar la vida o quitarla. También podemos nombrar el caso del cristianismo. La deslumbrante oferta hecha antes y luego de convertirse en religión oficial del imperio asesinador de El Maestro Jesús, está remitida a otorgar por intermedio de la fe cristiana el "perdón de los pecados", la "vida eterna" y soportar el avatar del fin del mundo para vivir eternamente con Dios estando Él presente. Ya estamos enterados de la incontable cantidad de muertes producidas por la persecución a los cristianos primitivos, a la par de la cantidad de muertes que los cristianos, ostentando ya el poder espiritual sobre los humanos, produjeron cuando buscaban hasta debajo de las piedras a los infelices tipificados como herejes ante Jesús el Cristo transformado en Dios mismo. Hoy en día, merced a la influencias de papados lights, los cristianos están calmados. No matan ni odian a nadie por la fe. Matan y odian por las mundanas flaquezas. Otra causa horripilante fue la realizada por Adolfo Hitler quien quiso tener el mayor grado de poder mundial con el objeto de instalar la supremacía genética de una raza que nunca existió, como tampoco nunca existió realísticamente la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Pero como imaginario colectivo, en defensa de la URSS sus numerosos adlátares mataron y murieron, obnubilados ellos por la oferta ideológica de un mundo sin explotación económica, sin estado y sin clases sociales de ningún tipo, entre otras encantadoras visiones.

Actualmente por la "búsqueda de un mundo mejor" el camino de la vida prosigue ensangrentándose justo por los pesares implícitos en los costos sociales de las ofertas circulantes en los descomunales mercados de la fe en lo divino y de las creencias en la enormidad de las ideas.

No sólo los pesares (manifiestos o latentes) están recluidos en las epopeyas de hacer "revoluciones" y de vivir eternamente en ellas y de ellas. Además los pesares (manifiestos o latentes) residen en la onírica de una tierra libre del hegemón USA (esta proeza se le denomina "mundo multipolar o "mundo multicéntrico), en el famoso "sueño americano" o en la incipiente "ideología del unabomber" (eco-terrorismo). Sin duda hay más amenazas atractivas, mas no estoy haciendo esta entrega para mencionarlas todas ni la mayoría siquiera. Hago la entrega con la humilde esperanza de que alguien leyendo estas líneas (o luego de leerlas) se dé por notificado que se debe someter a la prueba rigurosa de la duda metódica cualquier propuesta que pretenda seducirnos con lemas, iconos, idealizaciones, símbolos y paradigmas que nos extraigan de la realidad del mundo concretizado por las acciones humanas sin estridencias hiperbólicas, para ponernos a andar "con los ojos bien cerrados" por los vericuetos de las realidades de lo que no es.


Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET


DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (X)

DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (X)

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DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (X)


Ambrose Bierce fue un estadounidense atípico de profesión periodista. Siendo un hombre de más de 70 años se fue en 1913 a México en calidad de observador de la revolución.

Hay una carta fechada el 01.10.1913 donde deja escrito que si lo matan los revolucionarios para él representa una manera excelente de escaparse de la vida. Creía que un gringo en México bajo la supervisión de Pancho Villa era una suerte de eutanasia. Bierce en un Diccionario hecho por él define así el homicidio:

"Muerte de un ser humano por otro ser humano. Hay cuatro clases de homicidios: felón, excusable, justificable y encomiable, aunque al muerto no le importa si lo han incluido en una o en otra, la distinción es para uso de abogados".


Una dama economista de vestimenta sumamente seria, es entrevistada en un canal televisivo del interior de Venezuela. Como ella parte de la criteriología que su formación profesional y su profesión en sí, obliga a la persona que representa tal ciencia social, a lucir ante los micrófonos y ante las cámaras como alguien apegado a los datos y a las fórmulas precisas emanada de la Teoría, minimizando cualquier sentir humano básico, ante las preguntas que le fueron hechas por el periodista, las aprovechó para poner en escena su rigurosa criteriología.

Fue tanto su frialdad al omitir sus opiniones científico-técnicas acerca de la pobretería y miserabilidad de la vida socioeconómica venezolana, que el periodista se atrevió a suponer que estaba entrevistando no a alguien del mundo de todos los días, sino a un robot cerebral.

La última pregunta que el periodista se atrevió humildemente a hacer a tal Inteligencia Artificial de carne y de hueso, fue esta, fuera por completo del contexto económico: "Señora, ¿usted cree en Dios?"

La economista, cuyo contenido económico favorito es la econometría, le respondió que "Sí", acompañando la respuesta con una sonrisa seca que recordó al desierto de Sahara.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET


EL REAL DAÑADOR

EL REAL DAÑADOR

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EL REAL DAÑADOR

"Sabemos muy bien cómo destruir una ciudad y cómo transportar información a bajo costo, pero todavía no tenemos ideas precisas sobre cómo conciliar el bienestar colectivo, el porvenir de los jóvenes, la superpoblación del mundo y la prolongación de la vida". 
UMBERTO ECO
 (extraído del enlace Psicología y mente, Xavier Molina, 02.08.2021).


Busqué, sin éxito, alguna referencia googleana que expusiera la temática de la toxicidad humana vinculada con nuestro modelo vigente de sociedad, o si se quiere, con el Modo de Vida instalado en su seno. Sólo hallé Toxicidad como fenómeno dañino de algunas sustancias sobre el organismo. Y lo que sí se escaparon del parámetro toxicológico corporal, son dos autores, versátiles ellos, que tocan con propiedad la temática, pero circunscrita al alma o al ego. Un autor -en este caso autora- es Antonina Canal, quien trabaja el Ego tóxico, y el otro es Alejandro Blanco, quien trabaja Tóxicos del alma.

Sin duda, estas dos personas, se remiten a la esfera en que se ha puesto el caso del toxicismo, o sea a la esfera de las particularidades personales. La literatura en torno al caso por lo general habla de Personas tóxicas y cómo librarse de ellas. Siendo así, el toxicismo se percibe como algo que cada quien debe enfrentar, ora escapándose de los seres tóxicos, ora precisando ayuda psicológica si es que nos hemos convencido o nos han convencido los demás, de que "arrastramos por este mundo" el descalabro de ser una entidad humana tóxica.


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Tratar de mirar la temática de la toxicidad humana dentro de Lo sociológico -sin abandonar para nada su traza psicológica-, por rigor se hace pertinente manejarnos con una idea de Sociedad. Mas habiendo tantas ideas, tantas definiciones de Sociedad como cientistas sociales hay, también se hace dificultoso depurar esa herramienta de análisis. Fíjese lo expresado por el argentino Hernán Casciari relativo a Lo social:

"Todo lo que sabemos sobre nosotros como sociedad es el resultado de compilar las mentiras que dicen los drogados y los aburridos".

En otras palabras, según Cascieri, las ideas de Lo social no exceden las sosas opiniones solipsistas. Es decir, las meras opiniones emergidas del exclusivista Yo.

Sin embargo, pese al desprestigio bien ganado del Yoísmo, hubo un sociólogo estadounidense de nombre Charles Horton Cooley, enseñante universitario de Sociología y Economía, quien atrevidamente tomó en cuenta al Yo en el propósito de explayar sus teorías. No únicamente entendió la Sociedad en calidad de fenómeno mental ("La sociedad existe en mi mente como el contacto y la influencia recíproca de ciertas ideas llamadas 'yo' "), sino que usando el constructo del "Yo espejo", explicó que la persona se va construyendo a sí misma en proporción directa a la visualización especular (espejística) que los otros humanos le sumistran. En este orden, y para testimoniar lo del "Yo espejo", traté a una señora que actuaba loquescamente debido a la opinión que sus familiares (papá, mamá y hermano mayor) le instalaron desde pequeña. Ni siquiera sus dos descendientes (hija e hijo) pudieron disminuirle el comportar loquesco. Más bien el comportar loquesco de ella influyó en la esquizofrenia potencial que la hija portaba -y porta- genéticamente.

Eso de que uno es la suma de las creencias de los demás respecto a uno, no es del todo una vaga elucubración. Tiene sustento sobre todo por la fragilidad con que los seres humanos arman el edificio de la personalidad. Y justo de la personalidades debilitadamente construidas, advienen a la vida social, las personalidades mete-miedo, conocidas con el calificativo (alegre) de tóxicas.

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Los rasgos destacados de alguien tóxico (subjetivo, narcisista, egológico...) son los mismos rasgos detentados por nuestra modalidad social, que configurada como sociedad general total, a través de sus exigencias societales propias de una Formación económico-productivista, extensa e intensamente desarrollada en lo material-tecnológico, le propone e impone al componente humano esquemas conductuales exacerbantes de la personalidad, de cara al éxito y a las distinciones prestigiosas radicales, y cada quien de ese componente, en atención a sus posibilidades reales de existir, podrá adecuarse en algún grado y manera a tales esquemas. Siendo así las exigencias, no todos podrán revestirse moderadamente para cumplirlas. Y aquellos seres endeblemente constituidos como personas, por deficiencias psicológicas y hasta psiquiátricas, se convertirán en tóxicos psíquicos, sostenidos por una insaciable hambre de reconocimientos, que los otros, separados de la realidad particular de ese alguien, no pueden darle.

Encontrarse con un ser tóxico, es estar frente a un aparato mental amalgamado de incompletudes, insatisfacciones, fobias, manías y filias que nadie desprovisto de herramientas técnico-científicas tendrá la capacidad de hacerle frente. Con el ser tóxico sólo tendrán la exclusividad de tolerarlo alguna madre repleta de amor interminable o alguna amistad con una alta indiferencia flemática hacia los rollos de los demás humanos. Pero lo desgraciado del punto es que "el real dañador" que no es más que modo material de vivir, basado en la competitividad por ser el número uno en todo o en casi todo, queda a salvo.

Finiquito esta entrega citando al analista social alemán Byung-Chul Han. Con lo citado muestro que sí hay quien dirija el dedo acusante en la dirección correcta. Por favor, lea:

"Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace responsable a sí mismo y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema".


Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET


EL VALOR DE USO DEL SIGNIFICADO

EL VALOR DE USO DEL SIGNIFICADO

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EL VALOR DE USO DEL SIGNIFICADO 

Los signos, como las mercancías, 
son a la vez valor de uso y valor de cambio. 
Jean Baudrillard


I

De ordinario el receptor del mensaje (destinatario, oyente, lector) confía en el contexto, general y particular, de lo recibido para decodificar el contenido. Si no hubiera la instancia objetivamente del Contexto (o en su defecto Cotexto), términos ambigüados por la variabilidad de usos (sólo por nombrar: Capital, Papel, Partido, o los nuevos usos en el habla diaria de Brutal, Bárbaro o Bestial) no podrían entenderse dentro de la intención y extensión de los enunciados.

Siendo así, gracias a la función pragmática del Contexto muy difícilmente podrá haber dentro de la existencialidad movible de la práctica comunicatoria, algún vocablo, alguna terminología, que no sea susceptible de ser semantizado con más o menos precisión. Todo es cuestión de tener competencia lingüística para hallar la comprensión de lo extralinguistico, o sea, la comprensión contextualizatoria que nos da la usabilidad de la lengua, de las referencias reales que nos rodean.

Muy adecuadamente lo afirma William Alston en el libro suyo La filosofía del lenguaje: "...el significado de una expresión debe identificarse con la relación entre la expresión y su referente".


II

Pese a que cada constituyente orgánico de las funciones del lenguaje cumple en teoría su específica finalidad, la comunicación en tanto práctica concretizada, no deja de ser un proceso reflejante de la realidad compleja, heterogénea y contradictoria que lo media. Y siendo un proceso mediado o incidido socialmente, la comunicacion no logra, por mucho, solucionar la necesidad de semantizar satisfactoriamente el uso del referencial, sea por adecuación, sea por coherencia, sea por evidencia. Ante, por el contrario, gracias al uso indebido, de los vocablos o palabras, por intención o por desconocimiento, la semántica (vinculación objetiva del significante con el significado) se ha convertido en una referencia dudosa y ambigüada, la cual obliga a someter a duda la mayoría de mensajes que como receptores recibimos. Enseguida colocaré algunos casos para que usted le aplique su propia lógica mental.


III


En teoría Lo posible y Lo probable son términos cuyo referencial consiste en la contingencia. Pero si se trata de establecerles diferencia, radical inclusive, Lo probable supone Lo posible, mas no al revés, ya que Lo probable resulta ser una contingencia sometida al cálculo matemático y a las predicciones teórico-metodológicas, mientras que Lo posible no excede la mera posibilidad. En el caso de la futurología, los abocados a esta disciplina distinguen Futuros futuribles apoyados en posibilidades, y Futuros futurables apoyados en el cálculo de las probabilidades. No obstante, citando un ejemplo, cuando un comunicador social televisivo va a iniciar su programa, ajeno a esta distinción, al agradecer al personal que lo acompaña (camarógrafos, luminitos, productor, etc.) selecciona la palabra Posible para elaborar la expresión: "Y gracias a la gente que ha hecho posible este programa", desechando la palabra Probable puesto que en apariencia Probable carece del peso descriptivo que sí contiene la palabra Posible. Para este caso habría más rigor semántico si se dijese: "Agradezco al personal que permite que este programa se dé o se realice (o se materialice)".

Otro caso de imprecisión semántica se halla en la letra del Himno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela. En nuestro himno se recurre al concepto "Nación" para significar cuando mucho un sueño, pero nunca para designar un hecho real. Me refiero a la estrofa donde se afirma en positivo sin serlo que "la América toda existe en nación". Algún habitante de Alaska, por decir lo extremo, que oiga esta afirmación, pudiera asumir que la América completa es una nación.

Un último caso. Este caso remite al uso muy romántico del sustantivo "Unión". Habitualmente se cree por no semantizar bien el alcance de "Unión", que el deporte Une a los pueblos. No, el deporte no une a nadie. El deporte logra, y esto lo recalca el narrador en off del programa Vista Mundo de Globovisión (sábado 20.4.24) al referirse a los Juegos Olímpicos Francia 2024, que los pueblos se encuentren en las Olimpíadas para combatir entre sí no bélicamente. Ni siquiera el equipo de fútbol de una nación logra unir a un país. Cuando mucho el equipo, si es que hace un desempeño destacado en algún evento de importancia, logra reunir en algún sitio a la gente que lo quiere ver en directo.

Cuando se utiliza "Unión" en la Organización de Naciones Unidas se llega al colmo del uso deficiente del vocablo. Esa instancia mundial de naciones al ser el esquema del Poder planetario (hegemonía de las cinco superpotencias triunfantes de la última guerra mundial) lo menos que se puede dar es que naciones sometedoras y naciones sometidas logren algún vínculo orgánico-unificador entre ellas.

Desde luego, hay muchos más casos en nuestro lenguaje que expresan la ambivalencia semántica con que los usuarios actualizan las realidades intransparentes y veladas a través del deficiente manejo de los elementos que constituyen el signo lingüístico. Más adelante, en nuevas entregas, seguiré con este enigmático meollo.


Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET


REFLEXIVAS (XII)

REFLEXIVAS (XII)

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REFLEXIVAS (XII) 


Como habitúo para esta sección, traigo citas de pensadores de cosas humanas y las coloco entre comillas. 
Lo mío, desde luego, no lleva comillas.

La Ley de Murphy II tiene su manera peculiar de manejar el "Sólo sé que no sé nada" socrático. Esto aparece en el rubro Periciología Avanzada en el propósito humanístico, supongo, de advertir a la gente involucrada en la esferas de las exigencias corporativas de cara a la excelencia, de lo que es un experto. Mire lo que advierte:

"Un experto es aquel que sabe más y más sobre menos hasta que sabe absolutamente todo acerca de nada".

* Hay exceso en el uso del término Poder, pero aportes válidos que expliciten qué es eso, son muy pocos, debido a que, entre otras excusas, el Poder en su rango de guiador de un sistema de vida, no tiene interés en que el componente humano que guía, sea enterado qué es.

Jean Baudillard, teórico social francés ya fallecido, nos legó esta idea acerca del Poder en la obra Crítica de la economía política del signo:

"...el poder es de aquel que puede dar y a quien no puede serle devuelto". 

Por ejemplo, concebir un Dios Todopoderoso es concebir un Ser que da y no se le puede dar nada porque como Dios no tiene necesidad alguna. O sea, Él posee lo que necesita para ser lo que Es. Ninguna criatura fuera de Él tiene que preocuparse para devolverle algo porque nada suyo le hace falta para proseguir el contínuum de su rol de Todopoderoso. Si Dios tuviere tan solo alguna necesidad (necesidad tipo humana), le serviría a la gente para vulnerarlo, mas no dándose esta posibilidad, Dios sigue siendo El que es, y el Hombre el que no es. Y como no es cada noche se acuesta con más necesidades con las que amaneció. Así el asunto, el Poder surge cuando no hay necesidad de que se le devuelva a uno en un intercambio, lo que uno dio.

Al Hombre, rotundiza Baudrillard, "... no le queda más que la pobre libertad de recibir...".


* Lo tétrico o lo macabro no viene, por lo general, de la naturaleza humana de quien dice tetricidades o macabrosidades. Estas esencias antes por el contrario, provienen como consecuencia lógica de la percatación que posee quien dice macabrosidades. Es decir, no es que alguien sea macabro, o tétrico, o siniestro, sino que ese alguien exterioriza en ideas y en pensares lo que percibe o abstrae de lo que hace una persona o muchas personas.

Pongo tres casos para aspirar a que esto se me entienda.

Hay personas que a diario se esfuerzan por ser ricas, pero puede haber un presenciador que hilando fino su observación, cae en cuenta que los esfuerzos que hace la gente que quiere ser rica, más bien la conduce a ser más pobre.

Este siguiente segundo caso ilustra al primero. Venezuela con el advenimiento de la economía petrolera tuvo ingentes ingresos financieros por tal concepto. Sin embargo, según transcurrían los lustros y las décadas, Venezuela se iba haciendo más pobre, al extremo que un observador desapasionado llamado J. P. Pérez Alfonso, antes de irse del país, le advirtió en un útil libro a los venezolanos ahogados por el dinero derivado de la economía petrolera, que se estaban revolcando en el "excremento del Diablo". Y pese a la advertencia, el feliz revolcamiento en donde los venezolanos no estaban juntos sino revueltos, se extendió a lo largo del tiempo histórico.

El último caso ilustrado está en marcha. Es relativo a los oposicionistas al chavismo en el Poder político-institucional. Sin duda los oposicionistas no le hubieren creído a alguien que les hubiese dicho cuando comenzaron sus ataques contra el chavismo en 1999 que todo lo que estaban haciendo y lo que iban a hacer para alcanzar el Poder en vez de acercarlos al Poder los estaba alejando, no le hubieran creído.

De manera tal que lo áspero de lo macabro no se encuentra anidado en ninguna palabra ni en ningún decir. Lo macabro, lo tétrico, o lo siniestro, se funda desde el mismo momento en que iniciamos un esfuerzo para recorrer un camino, el cual nos conducirá en el cinismo de la vida ciega, a ir hacia atrás bajo la sensación total de que vamos hacia adelante.

* Milan Kundera, quien abandonó la vida en el universo el martes 11 de julio del 2023, hizo extremados intentos literarios para ayudarnos a despertar. Y no es que él estuviera despierto -ojalá que sí- pero también de la propia condición de durmiente una persona puede hacernos ver que estamos igual (o peor) que él en el sueño colectivo que participamos como humanidad, como "pobre humanidad" diría un hostigante.

En una de sus grandes narraciones (La insoportable levedad del ser) el escritor en su papel de narrador pone en la cabeza de la personaje protagónica (Teresa) esta clave solemne: "Todas las cosas y las personas aparecen disfrazadas". Con esto Kundera nos pudiera estar tocando la tecla, no de la desconfianza. La clave tocada pudiera estar por el orden de la invitación a que cada vez que algo o alguien advenga hacia nosotros, no nos queda otra que ponernos a indagar técnicamente para que aunque el disfraz no se le quite a la cosa o a la persona, por lo menos sepamos con que disfraz tenemos que lidear.

Pudiera en la indagación llevarnos a la resolución de que es mejor tratar al disfraz que aquello que el disfraz de la cosa o de la persona, tapa o disimula.

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Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET