LA IMPREPARACIÓN APRENDIDA

LA IMPREPARACIÓN APRENDIDA

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LA IMPREPARACIÓN APRENDIDA

"Eres joven, y deseas para ti una mujer e hijos. Mas yo te pregunto: ¿Eres un hombre al que sea lícito desear un hijo?"
FRIEDRICH NIETZSCHE

En los 300 millones de milenios que lleva la especie Hombre en la tierra, todavía, pese al largo rato de existencia contabilizado, resultan muy pocos los especímenes que ostentan la preparación adulta mínimamente indispensable, para coadyuvar en la formación y preparación de sus descendientes, en términos estrictamente inteligentes, aceptando que lo inteligente es la categorización opuesta a lo estúpido. O sea, que lo inteligente constituye el componente expedito de aquellos actos de pensamientos, de hablas o de materializaciones físicas, que se ejecutan, minimizando dentro de las opciones posibles, los grados estupidizantes básicos.

De común, lo más dable en un adulto (mujer o varón) estriba en que la educación de su(s) hijo(s) se le escapó de las manos, y que los descendientes de esos adultos inoperantes, se formen y se conformen, según sus grupos de amistades, según los ámbitos escolares y según las condiciones limitadas del propio hogar que les sirvió de crianza, y en muchos casos extremados, de criaderos.

Fallas de los adultos en la crianza de sus hijos hay bastantes. Tratados pedagógicos y psicopedagógicos al respecto también hay, tratados que por cierto casi siempre quedan endeudados con los lectores, en la presentación de las tantas fallas que puedan cometer los seres humanos por carecer de aprendizajes filosóficos, psicosociologicos y psicoeconómicos previos, adecuados y obligatorios, que los insumen para que cumplan cabalmente los roles de papás y de mamás, bien separados, bien en conjunto, cuando les toque.

En esta entrega, restringiendo lo máximo este delicado asunto, me remitiré a tres fallas capitales , sabiendo que no son las únicas en esta índole:
1) Configurarles o irle gradualmente configurándole al descendiente, la idea y la imagen de padres y madres sacrificados, que llegado el momento se le llega a decir al descendiente: "Yo que tanto he hecho por ti". Con esto, el descendiente deja de lado la noción de que lo que hacen por él corresponde al estricto deber de quienes los trajeron a este triste o alegre mundo, y en su defecto le da paso a la imagen conmovedora de tener por padre y por madre a dos seres que están dando todo lo que pueden por él en el sacrificio o inmolación que realizan.

2) Otra falla deriva del precario concepto del sentimiento amor.

Esta precariedad del sentimento, permite que un progenitor que necesite castigar a su descendiente, descargue con toda la energía contenida en sus músculos, un objeto contundente (correa, zapato, rejo...) sobre la corporeidad del castigado, quien al no poder sostenerse de pie por la paliza que recibe, cae de bruces al piso, y ahí tirado, y magullado por la contundencia de los golpes, oye la voz del castigador o de la castigadora, que le dice: "Yo te maltraté porque te amo, porque quiero que dejes de portarte mal". Esta acción, aparte de inculcarle al ser en formación y en conformación, de que es hacedor del mal, asocia, o va asociando la violencia o el maltrato, con eso que se le llama "amor" en la precariedad conceptual, y...
3) Conducir erróneamente a quien se está criando al chantaje por intermedio de premiarlo si hace acciones que los progenitores consideran "buenas", pero que si no las perpetra, entonces obtendrá la debida penalización.

En la medida en que el hijo vaya internalizando el chantaje, también en esa misma medida se irá alejando del valor de hacer lo correcto por lo correcto mismo, supeditándolo nada más a la equivalencia útil que pudiera representar la premiación prometida.

Lo lamentable de estas fallas como tanta otras habidas, es que se convierten en patrones conductuales que una vez que aquellas personas criadas sobre estas bases valorativas, ocupen el puesto de criadores, de formadores y conformadores de los seres humanos que trajeron a vivir, la repetirán en menor o en mayor proporcion, porque no tienen otra modalidad de qué agarrarse y apoyarse.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (XVIII)

DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (XVIII)

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DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (XVIII)


1

Sin pretensiones expresas de incursionar en la materia literaria llamada realismo mágico, la biotelenovela colombiana "Leandro Díaz" -Díaz exponente eximio del vallenato- dirigida por Victor Cantillo y Juan Carlos Mazo, desarrolla un rasgo muy propio de la literatura del realismo mágico, como son las conductas, los sentires y los soñares de personajes incididos (o afectados) por energéticas derivadas de eventos y pormenores que los personajes hiperbolizan, llevándolos a habitar en oasis o infiernos imaginarios, fabricados en términos de exclusividad por ellos mismos y para ellos mismos.

Pongo por caso el asunto del papá de Leandro, el señor Onofre. Maldecido él por un ciego porque Onofre le hizo la vida de cuadritos siendo ambos niños, sin importarle la condición de estar privado de la vista.

La maldición consistió en pronosticarle al pérfido Onofre de que toda su descendencia nacería sin el don de ver.

2

La maldición se cumplió fielmente en Leandro, quien tuvo la mala o buena suerte de no ver nada de este mundo.

La extensa mano de la maldición también alcanzó a agarrar al último hijo del pérfido, el cual naciendo con buena vista (tan buena que algunos pájaros del entorno se la envidiaban) de un momento a otro, no pudo ver más la luz solar ni ninguna otra luz.

Incluso, el poder de la maldición es tan siniestro que otro hijo de Onofre, no naciendo ciego, se comporta idénticamente como cualquier privado de la vista, pues es ciego del alma. Sin saber en qué asuntos anda, trata malhechores de cualquier índole. Éstos se aprovechan de su falta de visualización de las situaciones en que se mete, que terminan dejándolo casi siempre sin el poco dinero que por casualidad carga.

Con el trato ignorante que le da a las féminas, este hermano de Leandro muestra o mejor, demuestra, que el que no sabe es como el que no ve. Y siendo un pobre ciego de alma, apenas las ve, desconociendo quiénes son, se enamora de ellas, e ignorando las consecuencias, les entrega, con ausencia de alguna mesura, el corazón íntegro.

Onofre, ya con el segundo hijo ciego (al que no quiere odiar igual como odia a Leandro), se fue hasta la tumba donde duermen plácidamente los restos del cieguito maltratado cuando él y Onofre apenas eran infantes, para rogarle, llorando e hincado, que le suprima la maldición hecha.
Sollozando le recuerda que eso es de gente mala, y que él no era malo, que el malo era él (Onofre), pero que ya no soporta tan exagerado castigo.

Como el cieguito, quizá por dignidad, nunca le ha respondido las súplicas, el pérfido y arrepentido Onofre aprovechó que pudo hablar con su mamá moribunda (la mamá de Onofre) para encomendarle que si llegare la ocasión de ver al cieguito en la gloria, le ruegue que lo exima del sufrimiento que lo atraviesa aquí en la tierra. La madre consintió y se marchó de la vida llevándose el encargo del hijo.

Por su lado Leandro en los capítulos recientes (estoy hablando capitulos de mediados de abril en la transmisión realizada por Televen), debido a que está endechado por la cuita de no poder gozar de la presencia de su mujer amada, le compone canciones, que una vez musicadas y escritas, las lanza al fuego, creyendo sin duda alguna que con eso quema la pena que le envuelve el maltrecho corazón.

Ahora, por el lado de la mujer amada, ella halló la forma de brindarle compañía, haciendo que Leandro sueñe con ella, y además de eso, consigue que en el sueño Leandro ¡por fin! la pueda ver, y apreciarle la belleza.

3

Abundan las señales en donde podemos constatar la febrilidad fascinatoria del comportamiento de los personajes de esta telenovela arrancada de las páginas de la obra literaria intitulada "Leandro" y derivada de la inteligencia creadora de Alonso Sánchez Baute.

Por cualquier hecho que les ocurra (enviar o recibir una misiva, oír un verso, recibir una visita, soñar con alguien, un descuido...) los personajes de la telenovela lo tiñen de misterio y de incompensiones, por lo que ellos se ven obligados a desentrañar los trasfondos inútiles de aquello que los suscitó a imaginaciones colindantes con lo alucinatorio, o a realizar vehementes acciones que rayan con lo que entendemos sanamente por delirio o divagaciones. Todo esto hace lucir a los personajes como seres hundidos en los cielos del éter (espacio puro) en los cuales gobiernan las deidades trastocadoras de la razón y el buen juicio.

4

De las asombrosas existencias aparecidas y desaparecidas en la trama de la telenovela, hay una existencia descomunal. Demasiada suprahumana como para no mencionarla. Sobresale con mucho al registro ingrávido de los altibajos desgarradores de las experiencias románticas de Erótida, tía de Leandro, o del mismo Leandro que aún siendo un mortal minusválido visual, ve y observa con los ojos profundos del corazón. Comparando esta facultad especial con las personas de visión normal, en ocasiones, Leandro mira mejor que éstas.

La existencia descomunal pertenece a Reinaldo, cuñado de Leandro.

Reinaldo se ajusta por la gruesa corpulencia de la que es dueño absoluto, a la descripción efectuada por el psicólogo estadounidense William Sheldon de los organismos viscerotónicos, organismos dados a la tranquilidad, al descanso, al trato social intenso y a la ingesta se comidas suculentas. Sin embargo en el capítulo transmitido el 17.4.26 (Televen), el plácido personaje le confiesa a Leandro (considerado por Reinaldo el maestro del sufrir, es decir, que aparte de sufrir él, a través de las canciones suministra lecciones de deslimitados sufrimientos a las gentes que por causas voluntarias o ajenas a la voluntad, tienen el coraje de oírlas) que desde hace varios días le ha emergido de las honduras del alma una preocupación.

Cuando Leandro le pregunta con marcada sorpresa que cuál será esa preocupación, rara en aquel que es feliz con lo que hace y tiene, jamás esperó lo confesado por Reinaldo.

Reinaldo, bajando la voz y mirando la superficie del suelo, le dice que no quiere dejar el mundo de los vivos sin sufrir por alguna mujer. Que no se conforma con únicamente observar a varones entregados a los peores modos de sufrir en virtud de a las mujeres que los han abandonado o traicionado buscando otros varones, que a su vez sufrirán por las mismas causas que los primeros. Que debido a que se cansó de ser un observador pasivo del sufrimiento sentimental, le quiere rogar a él como su cuñado y amigo, que le comparta la fórmula para sufrir también activamente.

Leandro, dejando de lado la sorpresa producida por semejante preocupación, asume el papel de maestro, y poniendo la mano en el hombro del feliz cuñado y amigo, le abre su sabiduría, con estas palabras.
-Reinaldo no resulta difícil lograr tu anhelo. Solo búscate una mujer.

Pero Reinaldo, merced a que es una alma que jamás ningún padecimiento le perturbó la paz sentimental, no entendió bien la indicación. Ante eso, le hace una ampliación de la pregunta. Le expresa que cómo hará para no equivocarse con tantas mujeres que andan por ahí. La contestación del maestro del sufrir no pudo ser más simple, por respetarle al cuñado su genuina ingenuidad:

-Déjale todo al corazón, que él sabrá con precisión de matemático, llevarte a donde está la mujer que te desgraciará la vida. En eso, Reinaldo, el corazón jamás se equivoca.


En lo atinente a mí en mi rol de lector de narrativas literarias tipo Leandro, haré diligencias asistido del propósito de conseguir en físico algún ejemplar de la dichosa novela.

Si consigo el ejemplar le estaré agradecido al canal Televen, ya que si no es por la telenovela, no me hubiera enterado de ese ser maravilloso llamado Leandro Díaz.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

SIN PENA NI GLORIA

SIN PENA NI GLORIA

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"SIN PENA NI GLORIA"

"En derecho, nada es seguro salvo el costo".
SAMUEL BUTLER (1835-1902)

Un plano de la vida social de la gente que se presta para el relajo y la guachafa -alguien que trato por ahí, diría "jolgorio"- es el de los Derechos.

Tanto se bochincha en en ese plano que ya van por la cuarta generación de derechos, en el que están localizados los derechos digitales y tecnológicos.

De pronto algún grupo de traviesos retosenes diseña en algún congreso o en alguna asamblea de los países dominantes en el mundo, con extremado estrambotismo, los derechos de las astronautas en el espacio sideral.

Y todo esta grisapa de derechos se hace real porque siendo los derechos una expresión supraestructural, los derechos se pueden modificar, cambiar o eliminar de acuerdo sean los gustos y debilidades de los personajes decisores en algún momento determinado de la historia de un país o del mundo.

Este asuntico arrancó en 1789 con la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. A renglón seguido una gran feminista, Olimpye de Gouges, en 1791 elaboró La declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana; la idea inicial evolucionó y de los derechos del hombre se pasó a los derechos humanos.

Mas, como quiera que sea el punto de los derechos, no hay ninguna institución que sea la encargada de que se cumplan específica y cabalmente, como tampoco nadie en lo particular debido a la abstracción que contienen, aunque estén correctamente redactados, está conminado a cumplirlos.

Por ejemplo, ningún hijo menor de edad, que en vez de estudiar esté limpiando parabrisas bajo los semáforos citadinos todo el santo día, le puede exigir a unos padres heterosexuales, que le cumplan con los derechos que como niño o adolescente posee, porque no les vería el porqué, como tampoco hay una condición obligante por parte del Estado venezolano con el que se vea compelido a cumplir con los empleados de la administración pública a proveerles un salario vital con el cual puedan reproducir sus fuerzas humanas de trabajo. Ese derecho solo existe en una Constitución y de ahí no sale.

En pocas palabras, los derechos no son otra cosa que razones para que la gente luche y se violente por ellos. En este tenor, la penalista Mónica Fernández en la reposición de su programa "Se ha dicho" del domingo 19.4.26, refiriéndose al ejercicio de defender derechos, hizo esta confesión, (palabras más, palabras menos):

"CUANDO UNO DEFIENDE LOS DERECHOS ES VISTO COMO UN METICHE O COMO UN PROVOCADOR".

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

LA COLUMNA VERTEBRAL DEL CUERPO INVISIBLE

LA COLUMNA VERTEBRAL DEL CUERPO INVISIBLE

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LA COLUMNA VERTEBRAL DEL CUERPO INVISIBLE 

"La dignidad tiene un precio muy alto y los dignos no aceptamos rebajas".
EDMOND DANTÉS, EL CONDE DE MONTECRISTO
 (personaje del ficcionario narrativo de ALEJANDRO DUMAS-PADRE).

Hay alguien que me hizo un planteamiento sobre la dignidad que a mi juicio de percibir la humana vida, me pareció, si no muy acertado, sí se aproxima bastante a ese tramo de apreciación.
Con la dignidad, dice el alguien referido, nos hacemos y nos mantenemos en la cualidad de personas.
Si se nos habla de amos y de esclavos, de nobles y de plebeyos, de explotadores y de explotados, afirma el alguien referido, no se nos está hablando de personas, porque las partes implicadas carecen de dignidad. Esto es, carecen de la dignidad necesaria propia y exclusiva de las personas. En esa línea de acción, una persona verdadera no esclaviza a nadie, y nadie que sea persona de verdad permite que se le convierta en esclavo o propiedad de otro. Un tanto igual acontece en eso de creerse noble (rey, príncipe, etcétera) o en eso de creerse con el derecho de explotar, buscando el menoscabo social de los semejantes.

Su aporte se amplificó cuando toca el punto de la génesis de la dignidad. Argumentó que siendo la dignidad no un atributo natural, sino una producción estrictamente personal, entonces según sea el desarrollo psico-socio-económico de los individuos, así tendrán la oportunidad de dignificarse en tanto individuo.

Desde luego, resultando así las cosas, los asuntos humanos (sentimentales, familiares, laborales, religiosos, deportivos...) se dan exigiéndole a cada quien, que ponga en el terreno de las relaciones prácticas, el grado de dignidad y la consistencia personalizatoria que de suyo tenga ésta. En prácticas interpersonales, en las cuales prive la dignidad de los participantes, tales prácticas contendrán un mínimo de éxito garantizado, habida cuenta de que unos seres dignos jamás se aprovecharán de las ignorancias, de las ingenuidades y de las incompletudes de los otros. Antes, por el contrario, el ser digno colaborará para que esas trabas sean eliminadas y sacadas de los aparatos mentales de aquellos que las sufren.
No habiendo dignidad, y con esto terminó el aporte del alguien referido, entonces lo que le queda a los humanos es adentrarse en las incertezas centradas y derivadas del recurso ego.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

LA BURBUJA PERFECTA

LA BURBUJA PERFECTA

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LA BURBUJA PERFECTA 

"El hombre imaginario vive en una mansión imaginaria a la orilla de un río imaginario.

Y se asoma al balcón imaginario a mirar el paisaje imaginario...".

EXTRACTOS DEL ANTIPOEMA: EL HOMBRE IMAGINARIO (NICANOR PARRA, 1914-2018)

Hoy más que nunca se le hace necesario al ser humano, inmerso en un mundo de imágenes (mundo que se le llama por especificidad conceptual La civilización de la imagen; Marisa Gómez decidió llamarla en un Ensayo suyo La civilización de las imágenes), hacerse de una idea -y si le es posible, de un precisamiento ideacional- de qué es Lo imaginario. De cómo las ciencias de la imágenes y de cómo los científicos de las conductas, enfocan la "conciencia imaginante" para diferenciarla de la "conciencia percibiente".

Cuando alguien no puede diferenciar ambos procederes de la actividad conciencial, estila engañarse y engatusarse con lo que percibe o con lo imaginado. En ocasiones, supone que está percibiendo pero esencialmente lo que está es imaginando. También a veces le acontece la experiencia inversa. Está en una experiencia imaginativa pero convencido de que está percibiendo. Y en ese ton ni son ante las cosas de la vida, pudiera ese alguien transcurrir toda su existencia alrededor de una imagen, o de unas imágenes, persiguiéndola(s) tenazmente hasta que logra atraparla(s). O, en su defecto, persiguiéndola(s) hasta que logra darse cuenta de cuando la(s) va atrapar, lo perseguido, evaporándose, se le aleja más.

Son incontables los casos, particulares o generales, en donde las imaginaciones y las percepciones, por no estar bien delimitadas, han conducido a personas e, incluso, a naciones enteras, a situaciones de elevada desgracia humana.

En ese desorden de confusiones, hay parejas que se unen en matrimonio (o se desunen en divorcios), basándose en cualidades que les imaginan al otro. Por igual, resulta muy común ver personas que desembolsan dinero para adquirir mercancías cuyas utilidades esenciales solo son para presentarse ante los demás con una envidiable imagen pública. Tanto es el influjo ambiguante de las imaginaciones y de las percepciones deficientemente definidas, que Adolfo Hitler llevó a sus compatriotas alemanes a creer que había necesidad de una guerra contra el resto de Europa y la realizó. No olvidemos que la Unión Soviética jamás existió en términos reales, no obstante hubo una enorme cantidad de seres humanos que alimentándose mentalmente de percepciones y de imaginaciones tergiversadas, mataron o murieron por la causa de esa real inexistencia.

Basándome en el criterio expuesto, y suponiendo que en algún grado ayuda a entender más o menos la inquietud expresada por Richard, personaje principal del filme La playa (interpretado por Leonardo DiCaprio), quien luego de no haber materializado sus objetivos transformadores, se dijo, preguntando:
¿A qué se deberá que por más que intentemos hacer las cosas distintas, siempre terminamos haciéndolas igual?

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

EL ASESINO ESPIRITUAL

EL ASESINO ESPIRITUAL

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EL ASESINO ESPIRITUAL 

Recomendación enfática que El Maestro Jesús le hace a discípulo preocupado por ir a enterrar a su padre, y que podemos leer en Evangelios de Mateo o de Lucas:
DEJA QUE LOS MUERTOS SE ENTIERREN ENTRE ELLOS MISMOS.

Cierto caballero de trato esporádico conmigo hace un buen rato, sin ser él alguien vinculado a las propuestas teóricas de la muerte de Lo social mediante la aplicación de la violencia en su diversidad de versiones, me dio una idea útil de violencia, muy radicalmente separada de los modelos de violencia que yo por haberme desempeñado como docente de asignaturas de tipo socioeconómico, conocía.

La idea de violencia brindada por el caballero transciende los conceptos de violencias, simbólica y verbal, manejados por los profesionales abocados a entender y explicar las violencias apartadas de los planos físicos.

Esta idea de violencia la ubico yo, si es que deba ubicarla, en el plano estrictamente del espíritu. Podría llamársele, a la ligera, violencia espiritual, nacida del espíritu y condenada a permanecer ahí para siempre en el espíritu.

El caballero, hablando conmigo en un lugar de concurrencia pública, y compartiendo un café, me respondió cuando le pregunté porqué no había respondido el saludo amable de su hermano al éste pasar al lado de la mesa ocupada por los dos, que ese ser (su hermano) había dejado de pertenecer al mundo de los seres vivos.

Pareciéndome extraña la respuesta, le contradije diciéndole que eso no era verdad ya que el referido estaba presencialmente en un lugar repleto de gente viviendo. Ante eso me hizo esta aclaración de estricta precisión, dejando afuera cualquier insistencia mía; la aclaración fue:
-Hace tiempo finitiqué en mi alma la existencia de ese ser. Mi alma -explicito- es una suerte de cementerio espiritual privado, en el cual yace la gente, que obedeciendo a humanas realidades, me he visto en la obligación ética de ponerle punto final.
-¿Realidades humanas de qué índole? -pregunté yo intrigado. La respuesta tuvo sobrada contundencia:
-Realidades derivadas de la guerra diaria del trato adverso con las personas, lejanas o próximas a uno. Pero si las extraemos espiritualmente de la circulación de nuestras existencias particulares, uno estará cumpliendo con la política del buen vivir, trasladando a determinadas personas a que descansen en paz lejos, en espíritu, de mí, en mi caso, y en su caso, si usted decide matarlas en el alma, lejos de usted. Y viceversa, por supuesto. En fin, liquidando espiritualmente a cierta gente, se garantiza un descanso en paz recíproco.

Luego de terminarnos el cafecito (él el de él y yo el mío), llevamos la conversación a otros tópicos muy distintos al alma mortuoria del caballero.

En mis adentros, dados a menudo, a comprender lo incomprensible, me dije que ese tal caballero, observándolo marchar hacia la parada de la ruta hacia el centro de la ciudad, había hallado la manera de matar gente en la implacabilidad de su alma asesina, eximido de enfrentar las molestas consecuencias del crimen.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET