EL ASESINO ESPIRITUAL
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EL ASESINO ESPIRITUAL
Recomendación enfática que El Maestro Jesús le hace a discípulo preocupado por ir a enterrar a su padre, y que podemos leer en Evangelios de Mateo o de Lucas:
DEJA QUE LOS MUERTOS SE ENTIERREN ENTRE ELLOS MISMOS.
Cierto caballero de trato esporádico conmigo hace un buen rato, sin ser él alguien vinculado a las propuestas teóricas de la muerte de Lo social mediante la aplicación de la violencia en su diversidad de versiones, me dio una idea útil de violencia, muy radicalmente separada de los modelos de violencia que yo por haberme desempeñado como docente de asignaturas de tipo socioeconómico, conocía.
La idea de violencia brindada por el caballero transciende los conceptos de violencias, simbólica y verbal, manejados por los profesionales abocados a entender y explicar las violencias apartadas de los planos físicos.
Esta idea de violencia la ubico yo, si es que deba ubicarla, en el plano estrictamente del espíritu. Podría llamársele, a la ligera, violencia espiritual, nacida del espíritu y condenada a permanecer ahí para siempre en el espíritu.
El caballero, hablando conmigo en un lugar de concurrencia pública, y compartiendo un café, me respondió cuando le pregunté porqué no había respondido el saludo amable de su hermano al éste pasar al lado de la mesa ocupada por los dos, que ese ser (su hermano) había dejado de pertenecer al mundo de los seres vivos.
Pareciéndome extraña la respuesta, le contradije diciéndole que eso no era verdad ya que el referido estaba presencialmente en un lugar repleto de gente viviendo. Ante eso me hizo esta aclaración de estricta precisión, dejando afuera cualquier insistencia mía; la aclaración fue:
-Hace tiempo finitiqué en mi alma la existencia de ese ser. Mi alma -explicito- es una suerte de cementerio espiritual privado, en el cual yace la gente, que obedeciendo a humanas realidades, me he visto en la obligación ética de ponerle punto final.
-¿Realidades humanas de qué índole? -pregunté yo intrigado. La respuesta tuvo sobrada contundencia:
-Realidades derivadas de la guerra diaria del trato adverso con las personas, lejanas o próximas a uno. Pero si las extraemos espiritualmente de la circulación de nuestras existencias particulares, uno estará cumpliendo con la política del buen vivir, trasladando a determinadas personas a que descansen en paz lejos, en espíritu, de mí, en mi caso, y en su caso, si usted decide matarlas en el alma, lejos de usted. Y viceversa, por supuesto. En fin, liquidando espiritualmente a cierta gente, se garantiza un descanso en paz recíproco.
Luego de terminarnos el cafecito (él el de él y yo el mío), llevamos la conversación a otros tópicos muy distintos al alma mortuoria del caballero.
En mis adentros, dados a menudo, a comprender lo incomprensible, me dije que ese tal caballero, observándolo marchar hacia la parada de la ruta hacia el centro de la ciudad, había hallado la manera de matar gente en la implacabilidad de su alma asesina, eximido de enfrentar las molestas consecuencias del crimen.
Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET