LA DEMOLEDURA

LA DEMOLEDURA

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LA DEMOLEDURA 

"Si para construirme, primero debo destruirme...¡Qué comience la demolición!
Sr. Caballero (extraído de TIK TOK).

Para entender más o menos, más o menos digo yo, es para expresar mi humildad en torno al tema a tratar en la brevedad de esta Entrega, qué significa en el mundo de los humanos un derrumbe (una debacle, un hundimiento...), se hace obligatorio pasearnos por las veredas, o mejor, por los vericuetos de la desmoralización.

Si entendemos que una vez desmoralizados nos sobreviene como correlato macabro, el desánimo absoluto, entonces la historia del derrumbamiento se nos hace comprensible, habida cuenta que nadie, una vez desmoralizado, puede continuar, espiritual y psíquicamente, levantado. Eso se capta en los encuentros deportivos (fútbol, béisbol, boxeo...). Cuando alguien del equipo comete un error o una equivocación garrafal, cuesta mucho que el equipo logre reponerse. Si el equipo contrario le saca provecho, en la medida que avance el tiempo del encuentro, la desmoralización va haciendo mella la moral que pudo haber quedado luego de cometerse el error o la equivocación, que en términos prácticos lo que ven los espectadores no son deportistas optimistas que juegan a ganar. Lo que se ve en el campo son unos fantasmas que deambulan por aquí o por allá en el terreno, aguardando, casi muertos, el final del encuentro.

Ahora bien,¿qué será eso que nos obliga por la fuerza descomunal que contiene, a doblegarnos en el alma, en la mente, en el ego? 

Por experiencia propia o por casos presenciados, lo que nos desmoraliza en un momento determinado de nuestra existencia, es cuando queda, demostrada ante uno mismo, de manera inequívoca, indiscutible y objetiva, nuestra inutilidad. Cuando no queda más remedio que percibir y aceptar inobjetablemente que hemos sido unos inservibles para aquello que nos preparamos, ora, en el deporte, ora, en relaciones políticas, empresariales o sentimentales.

Hubo un filósofo presocrático, me refiero a Empédocles de Agrigento, alumno de Heráclito y de Pitágoras, quien aparte de filósofo, ejerció la poética, la medicina y la política. De sus aportes, quiero terminar esta entrega con una meticulosa idea respecto al humano derrumbamiento, idea que exige también ser deglutida y procesada meticulosamente. Es esta la idea:

CUANDO TODO SE DERRUMBA, NO SIEMPRE ES EL FINAL: A VECES SIGNIFICA REORDENAMIENTO.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

CAPTAR (Y APREHENDER) LA FORMA (II)

CAPTAR (Y APREHENDER) LA FORMA (II)

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CAPTAR (Y APREHENDER) LA FORMA (II)

"A punto de subir al escenario del mundo, avanzó enmascarado".
Idea citada por JACQUES LACAN (1977) en Psicoanálisis. Radiofonía & Televisión.
Ed. Anagrama, Barcelona-España

A
Inicié mi interés teórico por las formas, he de manifestar, porque una señora amiga, quien debía concurrir a la reunión familiar con sus cuatro hermanos para dirimir, según la posición de los cinco, el asunto pendiente relativo a las propiedades sucesorales (bienes inmuebles, acciones y empresas), experenció con ellos el desatino de desprenderse de ellas, de las formas.

La señora amiga, debido a la confianza que me tiene, me confesó que esa reunión familiar fue un acto descarnado no apto para gente moderada, ya que todos sin excepción, se desenvolvieron delante de los otros de la manera más honesta en lo que le fue posible, sin filtros y sin compasividad con ninguno de los otros hermanos.

B
Lo que condujo a que los concurrentes se comportaran abiertamente, haciendo de la reunión un ejercicio de carencia absoluta de cordialidad, dándole paso a la rispidez en altos grados de aplicación práctica, fue que el hermano menor tuvo la ocurrencia -por favor, acépteme el calificativo-, apenas comenzó el acto, de plantearles a sus hermanos algo que él consideró de pertinencia básica. El planteamiento fue este:
- Señores, en pos de buscar efectividad en lo que aquí se ventile, se hace necesario establecer cómo hemos de portarmos en esta reunión. ¿Si nos portamos como personas o en su defecto, nos portamos como lo que somos?
La respuesta -me dice la señora amiga- fue unánime y al unísono:
- ¡Vamos a portarnos como lo que somos!

El hermano menor, me cuenta la amiga, no pudiendo procesar la realidad humana de sus hermanos, aprovechó la onda diaspórica que envolvió el ánimo de los venezolanos en el 2019, para escaparse de Venezuela, no tanto porque tuviera urgencias económicas, sino porque deduciendo que la humanidad real de sus hermanos no era exclusividad de ellos. Que si así como son sus hermanos, también, en más o en menos, es el resto del colectivo nacional, a Venezuela le resultará demasiado cuesta arriba salir del atolladero en el que estaba en el 2019.

La amiga, por su parte, le concedió toda la razón a Simón Bolívar, de tanta tristeza final, cuando percibiendo moribundo, la esencia de indiferencia sincera, de sus paisanos contemporáneos, se dijo a sí mismo en voz semi-alta y desanimada: "Siento que he arado en el mar y sembrado en las nubes".

Traje acá esta temática de las formas conductuales -quizá la prosiga para la próxima entrega- con el propósito parcial de que se tenga una ligera noción, de que el mundo des-formado, cuya lapidaria naturaleza la podemos apreciar en filmes sobre el fin del mundo o los tiempos posteriores a la conflagración nuclear ("El libro de Eli", La carretera, Melancolía...) en donde ya no hay, porque sencillamente no hace falta, el respeto formal hacia los semejantes, muy pocos de nosotros podríamos sobrellevarlo y sobrevivirlo.
Si usted siente o sabe que no está en ese reducido grupo de personas capacitadas existenciariamente a conducirse ignorando la importancia de la convivencionalidad con base al respeto de las formas, entonces le toca ocuparse con preocupación comedida, de mantener en usted y en la gente que a menudo trata, un comportamiento formal, opuesto y distante al mundo de las descarnaduras, crudo y desgarrador.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

CAPTAR (Y APREHENDER) LA FORMA

CAPTAR (Y APREHENDER) LA FORMA

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CAPTAR (Y APREHENDER) LA FORMA

"Qué sería de la vida humana si no hubiera formas".
TEODORO PETKOFF (economista venezolano, 1932-2018).

Las relaciones entre personas pueden mantenerse más o menos igual en el tiempo, en tanto y cuanto los participantes respeten las debidas formas que las relaciones objetivamente exijan.

Al margen de cual sea el momento o la fase en que esté una relación (romántica, comercial, amistosa, académica, religiosa...), siempre está tendrá formas de trato respetuosas, limitaciones a la subjetividad de los relacionados y sobre todo, el tomar en cuenta los parámetros básicos que ninguno de los implicados debe quebrantar o soslayar, para lograr mantener un estatus de aceptabilidad para las partes.

Mas en la medida en que las formas o los parámetros no se vayan guardando, las relaciones caerán en los rigores de lo evanescente, rigores que al ir apareciendo de a poco o de a mucho, hacen que aquellos elementos que factifilizaron a que se diera la experiencia de relacionarse con otra(s) persona(s), se trastoquen en el despliegue del tiempo, al extremo, que en la mayoría de los casos, lo que unió termina desuniendo y lo que atrajo termina repeliendo.

El secreto para que este fenómeno evanescedor no nos acontezca a nosotros, está en que como seres sociales, sepamos captar, con una claridad mínima aceptable, cuál es la forma o cuáles son las formas que una etapa de la relación tenemos que guardar, en el entendido de que si no captamos la exigencia formal, la relación debido a nuestro despiste, se dañará irremediablemente.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

EL SONIDO DE LA ESTRUCTURA

EL SONIDO DE LA ESTRUCTURA

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EL SONIDO DE LA ESTRUCTURA 

De alguien ampliamente desconocido:
"En materia de música, cuánto agradezco a las almas sensibles por haber logrado producir el sonido en la dimensión que yo lo necesito escuchar".

Un docente que conozco desde hace rato, le solicitó a un amigo antropólogo que le explicara porqué su hermano, ahora cincuentón, no oye rock sino la música que oían los abuelos, música tipo Los Panchos, Cuco Sánchez, Julio Jaramillo, Los Corraleros del Majagual, etc.
Su amigo antropólogo, haciendo uso de la plataforma cognitiva proveniente de la antropología, le responde con esta sapiencia:
"Tu hermano oyó rock cuando joven por la misma causa que jugó con muñequitos y carritos cuando era un niñito. O sea -agrega el antropólogo buscando explicar bien-, el gusto por el rock de tu hermano significó una de las etapas que él vivió, y que al paso del tiempo, tanto la etapa del rock fue quedando atrás al igual que las etapas de jugar soldaditos, galopar en una escoba imaginando que era un caballo y así. Hoy tu hermano, libre de los pruritos propios de la infantilidad, de la adolescencia y de la juventud, está incorporado en la estructura cultural latinoamericana-venezolana en lo musical, que lo precedió y lo postcederá, luego de que se vaya del mundo de la vida. El rock -y con esto culminó su microclase de antropología- fue coyuntural mientras que los boleros, las rancheras, los tangos, el merengue, la cumbia, etc., representan lo estructural".

Esta breve explicación me permitió captar y comprender que aunque sean latinoamericanos, caribeños y amazónicos, los humanos de estas latitudes que en su edad adulta permanecen en la vibratoria del rock y del pop, es porque por alguna causa y razón, lograron incorporar en su estructuras mentales, la cultura que el rock-pop tiene consigo. Y siendo parte de esa estructura porque la portan en el sistema de sus mentes, disfrutan y sienten el sonido no en calidad de música rara o ajena. Estos humanos sienten y disfrutan el sonido del rock-pop en la calidad de propio. Es decir, no son unos foráneos de la cultura inherente al rock-pop.

Ahora hay un caso venezolano que a mí me ha llamado la atención. Me refiero al caso del escritor, poeta y ensayista Leonardo Padrón. Este señor de alto reconocimiento intelectual y mercadotécnico en Venezuela y fuera de ella, le he conocido que sentimentalmente se ha vinculado con mucho éxito con féminas menores que él en edad. Creo que su esposa tiene una distancia cronológica que redondea los 20 años, pero tal diferencia temporal no le resta en nada la posibilidad de empatizar con ella. Ojalá prosiga el escritor venezolano con su éxito sentimental junto a su esposa.

Traigo el caso de Leonardo Padrón al caso que me ocupa acerca de estructuralidad y la coyunturalidad del gusto musical, debido a que pasando de largo ya los 60 años, el escritor conserva en la profundidad de su alma la estructura del rock.

Me enteré de esta confidencia gracias a la entrevista que le hiciera Francisco León en el Show Busines del 31.11.25 (en Televen). Hablando el escritor de sus tendencias y gustos, le confesó al entrevistador que su preferencia personal respecto a la música es el rock sinfónico.

Siendo así el asunto, sin duda alguna, Leonardo Padrón remolca en todo el trayecto de su existencia, la energía y la espiritualidad que ese género rockero le introyecta a las almas que lo tomaron como opción.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

REFLEXIVAS (XVI)

REFLEXIVAS (XVI)

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REFLEXIVAS (XVI)

A renglón seguido citaré con su debida reflexión, algunas ideas sobre:
• el yugo del lenguaje en el hablante;
• la resulta de trabajar para los planes de otros y
• el endeudamiento que a diario incrementamos con nosotros mismos.
Vamos, pues...

1
La aseveración de Ludwig Wittgenstein "Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo", por su inconmensurable alcance ha generado que los filósofos sensibles a la temática de Lo que se habla (y de lo que no), fijen sus posiciones, antagónicas algunos a Wittgenstein, u otros profundizando aún más la idea de la limitación proveniente del lenguaje.

Roberto Echavarren Welker, el escritor uruguayo de la novela Ave Roc (1994) dedicada al raro existir del Doors mayor Jim Morrison, en la introducción elaborada para la obra de Friedrich Nietzsche El ocaso de los ídolos (Ed. Tusquets, 1975, pag. 09), nos arroja este aporte para que nos entendamos mejor (o al revés: nos entendamos peor) mediante el influjo devastador del lenguaje, cuando éste es usado. Lea, por favor:
"Con el lenguaje hemos heredado... una interpretación de la realidad. La estructura del lenguaje se vuelve estructura de la realidad. No nos damos cuenta de que el lenguaje nos presenta las soluciones de antemano. Usando el lenguaje sin pensarlo, sin destruirlo, usando el lenguaje sin examinarlo, como un mero medio de comunicación, lo comunicado no será nuestro pensamiento, sino el pensamiento ya incluido en el lenguaje".

2
Si nos sujetamos a los Cuadrantes Económicos de Robert Kiyosaki, mucho menos del 10% de la población (pudiera ser solo 01% o 02%") basa su vida en hacer que el dinero trabaje para los integrantes de esa rara minoría. El gran grueso poblacional (se presume en más del 70%) se desenvuelve para existir bajo la figura de gente empleada, la cual, buscando seguridad económica, opta por introducirse en la finalidad y los planes de los empleadores. No poseyendo finalidades y planes propios, la gente ubicada en este cuadrante suele tomar la actividad laboral como algo que se cumple por estricta obligación.

La gente obligada por la vida a depender de salarios, utilidades y bonificaciones de fin de año, quizá para no verse tan atrapada en las redes de los intereses ajenos, crea culturas (por ejemplo el "Hoy es viernes y el cuerpo lo sabe") que le hacen sobrellevadera el trabajo, que esta gente mayoritaria arrastra como una pesada carga. 
El británico David Bolchover con minuciosidad gerenciológica escruta la pesadumbre del mundo de las organizaciones en su libro Los muertos vivientes (Ed. Gestión).

Bolchover, colocando teóricamente a los empleados en el rango de zombis (muertos que viven muertos), despliega todo un discurso con el propósito de hacerle captar a sus lectores que "vivir muerto" no es una simple metáfora fílmica, sino que constituye una cruda realidad en la gente corporativizada.
Lo que citaré del autor aparece en las primeras páginas del libro. No lo escribió él puesto que la frase se ofrece entre comillas. Por cierto, es cortica. Mire:

Hay millones de seres humanos que no hacen nada, pero tranquiliza enterarse que la mayoría de ellos tienen trabajo; la frase, valga agregar, ilustra el apartado "Tasa de muerte en vida".

3
La realidad humana contenida en la celebre sentencia antigua "Lupus est homo homini" (El hombre es el lobo para el hombre) lenta y progresivamente se ha venido modificando en la medida en que cada Hombre (versión femenina/versión masculina), no requiriendo de los otros para depredar, se depreda a sí mismo, sabiéndolo o no sabiéndolo.

Siendo así, podríamos modificar también la sentencia en estos términos:
El hombre no necesita que los lobos humanos lo depreden, él aprendió a autodepredarse.

Indudablemente, el esfuerzo que debemos hacer para procesar que cada quien de los vivientes humanos porta (o está acompañado por) su enemigo en él mismo, no es poca cosa, pero hay una referencia que podría explicitar en grados admisibles, que este fenómeno diariamente (nos) acontece.

Fíjese usted:

En lo subjetivo la persona cuando se propone cristalizar una idea, o alcanzar materialmente un anhelo, sin poder evitarlo -más bien aúpa el asunto- se hace promesas de no desistir en lo pretendido. Las promesas a menudo, lo van comprometiendo consigo mismo a no decaer pase lo que pase y cueste lo que cueste, pero como se trata de enfrentar una realidad o de enfrentar la realidad que se le interpone entre lo que busca y lo que puede conseguir, y que no siempre lo conseguido responde a las expectativas subjetivas, este detalle o este meollo, a ritmo lento, le va minando la voluntad y la impulsividad inicial, y el solo hecho de no encontrar lo que con bríos procura, la persona se va sintiendo en deuda con ella misma. Y según más se prometa en conseguir lo buscado y menos lo consiga en las condiciones que necesita, la deuda todos los días, todas las semanas y todos los meses... se le va acrecentando. De manera que cuando usted note que alguien le luce cabizbajo o, desmejorado, con una mirada extraviada ante el infinito que tiene enfrente, no se pregunte en su interioridad que quién(es) le estará(n) haciendo daño. Mejor dígase que quien usted nota abatido y mustio es porque se intensificó en el proceso de autodestrucción personal a punta de no cumplir lo que se prometió a sí mismo.

Pensando en estas cosas el filósofo y psicoanalista Jacques Lacan, por allá en los inicios de los años 30' del siglo pasado inmediato, le legó a los interesados en estas aristas de la humana vida, una observación invalorable:

"La tarea de cada día, y la parte más preciosa de la experiencia de los seres humanos, consiste en enseñarse a distinguir, bajo las promesas que formulan, las promesas que van a cumplir".

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

EL ERROR HABITUAL

EL ERROR HABITUAL

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EL ERROR HABITUAL

"¿Por qué repetir errores viejos, habiendo tantos errores nuevos por cometer?"
BERTRAND RUSSELL

I

La frase harto conocida "tropezar dos veces con la misma piedra", la cual podemos aceptarla como una suerte de metáfora, mínimamente obliga a preguntarse sobre el porqué ocurre eso.

Un docente de Ciencias Sociales, quien aunque no siendo psicólogo, se interesó por los pormenores de los aportes de la psicología, respondiendo, según él, a la máxima que sugiere que cada quien en este intenso humano mundo debe convertirse en su propio psicólogo, me brindó luces para comprender esa curiosa realidad mental salida del tropezar dos veces (o más) con la misma piedra, a la par del sufrimiento moral producido por las respectivas caídas, y como si fuera poco, el hecho de que se sufra, no garantiza en absoluto, que uno quede librado de tropezar otra vez; quizá de aquí sale lo curioso del tropezamiento repetido (y repetible).

II

El docente de Ciencias Sociales usó el caso vivido por una prima hermana suya.

Su prima hermana ha consumado en ocho años dos divorcios y tres matrimonios con el mismo caballero. La consumación de los eventos se hace posible, asevera el docente, porque su prima al divorciarse la primera vez no se ocupó, desde luego, por carecer de las herramientas psicológicas y ontológicas que le permitieran el develamiento de la personalidad (carácter, temperamento, perfil varonil...), en su complejidad humana, de la pareja.

No estando enterada de lo que el caballero representa en tanto varón; no estando enterada cuáles son los valores familiares negativos que arrastra él consigo; y sobre todo, ignorando ella qué reitera su pareja con el comportamiento particular, de las peculiaridades machistas propias de los entornos sociales, hogareño y ampliado, donde se crió y se formó como persona, tal caballero en términos específicos, es ante ella, ante su visión, un perfecto desconocido. Y resultando en realidad un "perfecto desconocido", ella puede dejarlo y recuperarlo, una y otra vez, sin ningún tipo de ambages ni recelo alguno.

III

El caso referido implica en una vasta proporción el tropezamiento con la misma piedra, si conceptualizamos "piedra" no metafóricamente, sino en el exacto sentido, que no es otro que el de obstáculo, o si prefiere, la "piedra" es un impedimento en nuestro andar en la vida.

El cónyuge de la señora le resultó desde el primer matrimonio el obstáculo que ella debe de derrotar cognitivamente psicologizándole el perfil humano-personal, de batirse a fondo con la sentimentalidad y la atractividad que el caballero le despierta. Y en la medida en que vaya lográndolo, también en esa medida lo va dejando atrás en la condición de traba superada; otro tanto igual le corresponde a la parte masculina del caso, porque como él ella encarna la guerra moral que a él le toca librar.

De modo que si no efectuamos esfuerzos cognitivo-reflexivos propios del campo de la psicología, de la ontología y de la ética, muy difícilmente podremos exonerarnos de la fofedad de no ver que estamos chocando con la piedra que creíamos haber soprepasado en el camino.

Sin embargo, la experiencia del siempre tropiezo con la misma piedra, nos puede servir como el útil indicio de que la senda que hemos escogido andar no es un camino longitudinal sino circular, cuya circularidad nos embota tanto que una vez tropezado y caído por causa de la habitual piedra, tendidos en el suelo, solemos justificarnos con palabrillas de este tenor: "Caramba no la vi", o "Me disculpo porque no sabía que ahí había una piedra".

No olvidemos el verso de Antonio Machado, bastante pertinente, ¡eh!, que Joan Manuel Serrat entona en Cantares:

"...al andar se hace camino, y al volver la vista atrás verás la senda que nunca has de volver a pisar...".

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET