ARROBOS
"El problema no es tanto que no durmamos profundamente, sino que no estamos bien despiertos".
ERICH FROMM (Psicoanálisis de la sociedad contemporánea).
Para los seguidores de filmes estilo Matrix, hay dos tipos de seres humanos: los que duermen y los que están despiertos. Es más, el líder de los despiertos en el filme, fue despertado por uno de ellos para que se hiciera líder. En consecuencia, estar dormido se puede tomar como la fase necesaria para despertar o despertarse.
Pero en el orden nuestro, en el orden de las realidades. Realidades opuestas, unas, y realidades paralelas otras, hay gente imposibilitada para despertar(se) porque no reúne la condición de durmiente. Es decir, que no está durmiendo, en consecuencia no hay nada ni nadie con las cualidades avanzadas capaz de lograr que esa gente salga del estado en que se encuentra existiendo.
Me explico mejor:
Alguien haciendo la siesta tiene los ojos cerrados, como también alguien tiene los ojos cerrados si está anestesiado en un quirófano siendo intervenido en una operación médica. El que hace la siesta cualquier ruidito fuerte lo despertaría, mas al que operan los médicos le pudieran extraer el corazón e introducirle otro, por ejemplo, y ni siquiera eso lograría que salga del estado en que está.
Tomo el ejemplo del anestesiado porque sirve para hacer comprensible la idea de que para despertarse hay que estar dormido, sino es así, resulta improbable que se alcance retornar otra vez a lo llamado Estado de vigilia.
Las personas aletargadas, por un conjunto interminable de trabas pertenecientes al rango del funcionamiento sano del sistema de la mente, están en las mismas condiciones que los que experimentan el evento de la anestesia. Pueden estar viendo una película en el cine o en sus casas, pueden estar sentados en un salón de clases en calidad de alumnos, pueden estar metidos en internet, e incluso, pueden, si es que son presidentes de una nación, estar dándole un discurso a sus conciudadanos, pero por trabas psíquicas de variadas índoles, no están conscientes de lo que dicen, oyen o ven hacer, y los acaeceres que en su derredor se suscitan, ni los efectos de las conductas que expresan, son percibidas en la multidimensionalidad propio de lo vivo y de lo complejo. A menudo el mundillo de cada una de esas personas embotadas, configura una suma de simpluras inconexas, simpluras que no acarrean mucho daño si son personas que existen en parcelas de vida cónsonas con lo sencillo y lo humilde. Pero si por el contrario, si las personas atrapadas y congeladas en imágenes de imaginarios embotadores (anestesiantes) cumplen roles de mayor repercusión para el resto de sus congéneres, cada vez que hacen acuerdos, tratados, pactos o negocios, las idiocias de las cuales gozan o adolecen, se ponen de manifiesto.
Y bajando esta idea a situaciones concretas, en Venezuela ha sucedido en gran forma y en altos grados, que muchos de los asuntos que tenemos en contra en lo económico-productivo, en lo político-institucional y en lo ético-educacional, viene dado precisamente de los estados aletargados (incluso en trance) que numerosos políticos arrastran consigo cuando cumplen funciones de gobierno.
Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET
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