DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (XVIII)

     


DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (XVIII)


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Sin pretensiones expresas de incursionar en la materia literaria llamada realismo mágico, la biotelenovela colombiana "Leandro Díaz" -Díaz exponente eximio del vallenato- dirigida por Victor Cantillo y Juan Carlos Mazo, desarrolla un rasgo muy propio de la literatura del realismo mágico, como son las conductas, los sentires y los soñares de personajes incididos (o afectados) por energéticas derivadas de eventos y pormenores que los personajes hiperbolizan, llevándolos a habitar en oasis o infiernos imaginarios, fabricados en términos de exclusividad por ellos mismos y para ellos mismos.

Pongo por caso el asunto del papá de Leandro, el señor Onofre. Maldecido él por un ciego porque Onofre le hizo la vida de cuadritos siendo ambos niños, sin importarle la condición de estar privado de la vista.

La maldición consistió en pronosticarle al pérfido Onofre de que toda su descendencia nacería sin el don de ver.

2

La maldición se cumplió fielmente en Leandro, quien tuvo la mala o buena suerte de no ver nada de este mundo.

La extensa mano de la maldición también alcanzó a agarrar al último hijo del pérfido, el cual naciendo con buena vista (tan buena que algunos pájaros del entorno se la envidiaban) de un momento a otro, no pudo ver más la luz solar ni ninguna otra luz.

Incluso, el poder de la maldición es tan siniestro que otro hijo de Onofre, no naciendo ciego, se comporta idénticamente como cualquier privado de la vista, pues es ciego del alma. Sin saber en qué asuntos anda, trata malhechores de cualquier índole. Éstos se aprovechan de su falta de visualización de las situaciones en que se mete, que terminan dejándolo casi siempre sin el poco dinero que por casualidad carga.

Con el trato ignorante que le da a las féminas, este hermano de Leandro muestra o mejor, demuestra, que el que no sabe es como el que no ve. Y siendo un pobre ciego de alma, apenas las ve, desconociendo quiénes son, se enamora de ellas, e ignorando las consecuencias, les entrega, con ausencia de alguna mesura, el corazón íntegro.

Onofre, ya con el segundo hijo ciego (al que no quiere odiar igual como odia a Leandro), se fue hasta la tumba donde duermen plácidamente los restos del cieguito maltratado cuando él y Onofre apenas eran infantes, para rogarle, llorando e hincado, que le suprima la maldición hecha.
Sollozando le recuerda que eso es de gente mala, y que él no era malo, que el malo era él (Onofre), pero que ya no soporta tan exagerado castigo.

Como el cieguito, quizá por dignidad, nunca le ha respondido las súplicas, el pérfido y arrepentido Onofre aprovechó que pudo hablar con su mamá moribunda (la mamá de Onofre) para encomendarle que si llegare la ocasión de ver al cieguito en la gloria, le ruegue que lo exima del sufrimiento que lo atraviesa aquí en la tierra. La madre consintió y se marchó de la vida llevándose el encargo del hijo.

Por su lado Leandro en los capítulos recientes (estoy hablando capitulos de mediados de abril en la transmisión realizada por Televen), debido a que está endechado por la cuita de no poder gozar de la presencia de su mujer amada, le compone canciones, que una vez musicadas y escritas, las lanza al fuego, creyendo sin duda alguna que con eso quema la pena que le envuelve el maltrecho corazón.

Ahora, por el lado de la mujer amada, ella halló la forma de brindarle compañía, haciendo que Leandro sueñe con ella, y además de eso, consigue que en el sueño Leandro ¡por fin! la pueda ver, y apreciarle la belleza.

3

Abundan las señales en donde podemos constatar la febrilidad fascinatoria del comportamiento de los personajes de esta telenovela arrancada de las páginas de la obra literaria intitulada "Leandro" y derivada de la inteligencia creadora de Alonso Sánchez Baute.

Por cualquier hecho que les ocurra (enviar o recibir una misiva, oír un verso, recibir una visita, soñar con alguien, un descuido...) los personajes de la telenovela lo tiñen de misterio y de incompensiones, por lo que ellos se ven obligados a desentrañar los trasfondos inútiles de aquello que los suscitó a imaginaciones colindantes con lo alucinatorio, o a realizar vehementes acciones que rayan con lo que entendemos sanamente por delirio o divagaciones. Todo esto hace lucir a los personajes como seres hundidos en los cielos del éter (espacio puro) en los cuales gobiernan las deidades trastocadoras de la razón y el buen juicio.

4

De las asombrosas existencias aparecidas y desaparecidas en la trama de la telenovela, hay una existencia descomunal. Demasiada suprahumana como para no mencionarla. Sobresale con mucho al registro ingrávido de los altibajos desgarradores de las experiencias románticas de Erótida, tía de Leandro, o del mismo Leandro que aún siendo un mortal minusválido visual, ve y observa con los ojos profundos del corazón. Comparando esta facultad especial con las personas de visión normal, en ocasiones, Leandro mira mejor que éstas.

La existencia descomunal pertenece a Reinaldo, cuñado de Leandro.

Reinaldo se ajusta por la gruesa corpulencia de la que es dueño absoluto, a la descripción efectuada por el psicólogo estadounidense William Sheldon de los organismos viscerotónicos, organismos dados a la tranquilidad, al descanso, al trato social intenso y a la ingesta se comidas suculentas. Sin embargo en el capítulo transmitido el 17.4.26 (Televen), el plácido personaje le confiesa a Leandro (considerado por Reinaldo el maestro del sufrir, es decir, que aparte de sufrir él, a través de las canciones suministra lecciones de deslimitados sufrimientos a las gentes que por causas voluntarias o ajenas a la voluntad, tienen el coraje de oírlas) que desde hace varios días le ha emergido de las honduras del alma una preocupación.

Cuando Leandro le pregunta con marcada sorpresa que cuál será esa preocupación, rara en aquel que es feliz con lo que hace y tiene, jamás esperó lo confesado por Reinaldo.

Reinaldo, bajando la voz y mirando la superficie del suelo, le dice que no quiere dejar el mundo de los vivos sin sufrir por alguna mujer. Que no se conforma con únicamente observar a varones entregados a los peores modos de sufrir en virtud de a las mujeres que los han abandonado o traicionado buscando otros varones, que a su vez sufrirán por las mismas causas que los primeros. Que debido a que se cansó de ser un observador pasivo del sufrimiento sentimental, le quiere rogar a él como su cuñado y amigo, que le comparta la fórmula para sufrir también activamente.

Leandro, dejando de lado la sorpresa producida por semejante preocupación, asume el papel de maestro, y poniendo la mano en el hombro del feliz cuñado y amigo, le abre su sabiduría, con estas palabras.
-Reinaldo no resulta difícil lograr tu anhelo. Solo búscate una mujer.

Pero Reinaldo, merced a que es una alma que jamás ningún padecimiento le perturbó la paz sentimental, no entendió bien la indicación. Ante eso, le hace una ampliación de la pregunta. Le expresa que cómo hará para no equivocarse con tantas mujeres que andan por ahí. La contestación del maestro del sufrir no pudo ser más simple, por respetarle al cuñado su genuina ingenuidad:

-Déjale todo al corazón, que él sabrá con precisión de matemático, llevarte a donde está la mujer que te desgraciará la vida. En eso, Reinaldo, el corazón jamás se equivoca.


En lo atinente a mí en mi rol de lector de narrativas literarias tipo Leandro, haré diligencias asistido del propósito de conseguir en físico algún ejemplar de la dichosa novela.

Si consigo el ejemplar le estaré agradecido al canal Televen, ya que si no es por la telenovela, no me hubiera enterado de ese ser maravilloso llamado Leandro Díaz.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

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