LA FORMA PROTECTORA
"Puedes camuflar tus intenciones o tu apariencia, pero no puedes cambiar la esencia de quien eres realmente".
FRASE EXTRAÍDA DE GOODREADS
El ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz Diosdado Cabello, anunció por los Medios (yo lo oí en un noticiero radial el día 3.6.26), que han sido dados de baja más de 20 mil policías, perpetradores de ilícitos en sus funciones de agentes del orden público.
Creo que es pertinente recalcar que en su declaración, el ministro Cabello no habló sino de bajas, no de juicios ni de encarcelamientos, pero la sola noticia de que fueron despedidos de sus roles policiales, animará a más de uno en la sufrida y desesperanzada ciudadanía venezolana.
Esos más 20 mil sujetos que ahora no son policías, en la esencialidad de sus naturalezas humanas, nunca fueron policías. En sus esencialidades simplemente fueron delincuentes a secas, que en la vida delictiva, ellos representaban, también a secas, el ala uniformada del delito. En esta línea no sabremos qué engendra el fenómeno de policía-delincuente o de delincuente-policia. O sea, nunca sabremos por lo intrincado del funcionamiento de la psiquis de los humanos, si alguien delincuente se mete a policía porque ve que los policías se meten a delincuentes. Quizá el delincuente se mete a policía, y aquí solo especulo, para no sentirse menos que los policías que incursionan en alguno de los oficios contemplados en las prácticas delictivas, quitándole la oportunidad de trabajar. Y si no le quitan la oportunidad de trabajar, por lo menos serán parte de la competencia.
Independientemente de lo expresado en las palabras previas, la mente delicuencial y, ¿por qué no?, la mente criminal, se introduce en profesiones y oficios que formalmente se tienen como contrarios al delito, digamos el de sacerdote, el de docente, el de psiquiatra o de psicólogo... y entre otras profesiones y de otros oficios, el de policía o detective, con el propósito de disimular su esencia, y sobre todo, ya disimulado con su formal y legal rol, aprovecharse a sus anchas de sus víctimas, las cuales caen en sus tentáculos malignos gracias a la confianza que la sotana de sacerdote, o que la bata de médico, o que la placa policial...les generó.
Qué útil es en estos menesteres, tomar en consideración aquel viejo adagio dirigido al SER CREADOR:
"Señor, líbrame del agua mansa que de la brava me libro yo".
Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET
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