EL SONIDO DE LA ESTRUCTURA

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EL SONIDO DE LA ESTRUCTURA 

De alguien ampliamente desconocido:
"En materia de música, cuánto agradezco a las almas sensibles por haber logrado producir el sonido en la dimensión que yo lo necesito escuchar".

Un docente que conozco desde hace rato, le solicitó a un amigo antropólogo que le explicara porqué su hermano, ahora cincuentón, no oye rock sino la música que oían los abuelos, música tipo Los Panchos, Cuco Sánchez, Julio Jaramillo, Los Corraleros del Majagual, etc.
Su amigo antropólogo, haciendo uso de la plataforma cognitiva proveniente de la antropología, le responde con esta sapiencia:
"Tu hermano oyó rock cuando joven por la misma causa que jugó con muñequitos y carritos cuando era un niñito. O sea -agrega el antropólogo buscando explicar bien-, el gusto por el rock de tu hermano significó una de las etapas que él vivió, y que al paso del tiempo, tanto la etapa del rock fue quedando atrás al igual que las etapas de jugar soldaditos, galopar en una escoba imaginando que era un caballo y así. Hoy tu hermano, libre de los pruritos propios de la infantilidad, de la adolescencia y de la juventud, está incorporado en la estructura cultural latinoamericana-venezolana en lo musical, que lo precedió y lo postcederá, luego de que se vaya del mundo de la vida. El rock -y con esto culminó su microclase de antropología- fue coyuntural mientras que los boleros, las rancheras, los tangos, el merengue, la cumbia, etc., representan lo estructural".

Esta breve explicación me permitió captar y comprender que aunque sean latinoamericanos, caribeños y amazónicos, los humanos de estas latitudes que en su edad adulta permanecen en la vibratoria del rock y del pop, es porque por alguna causa y razón, lograron incorporar en su estructuras mentales, la cultura que el rock-pop tiene consigo. Y siendo parte de esa estructura porque la portan en el sistema de sus mentes, disfrutan y sienten el sonido no en calidad de música rara o ajena. Estos humanos sienten y disfrutan el sonido del rock-pop en la calidad de propio. Es decir, no son unos foráneos de la cultura inherente al rock-pop.

Ahora hay un caso venezolano que a mí me ha llamado la atención. Me refiero al caso del escritor, poeta y ensayista Leonardo Padrón. Este señor de alto reconocimiento intelectual y mercadotécnico en Venezuela y fuera de ella, le he conocido que sentimentalmente se ha vinculado con mucho éxito con féminas menores que él en edad. Creo que su esposa tiene una distancia cronológica que redondea los 20 años, pero tal diferencia temporal no le resta en nada la posibilidad de empatizar con ella. Ojalá prosiga el escritor venezolano con su éxito sentimental junto a su esposa.

Traigo el caso de Leonardo Padrón al caso que me ocupa acerca de estructuralidad y la coyunturalidad del gusto musical, debido a que pasando de largo ya los 60 años, el escritor conserva en la profundidad de su alma la estructura del rock.

Me enteré de esta confidencia gracias a la entrevista que le hiciera Francisco León en el Show Busines del 31.11.25 (en Televen). Hablando el escritor de sus tendencias y gustos, le confesó al entrevistador que su preferencia personal respecto a la música es el rock sinfónico.

Siendo así el asunto, sin duda alguna, Leonardo Padrón remolca en todo el trayecto de su existencia, la energía y la espiritualidad que ese género rockero le introyecta a las almas que lo tomaron como opción.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

REFLEXIVAS (XVI)

REFLEXIVAS (XVI)

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REFLEXIVAS (XVI)

A renglón seguido citaré con su debida reflexión, algunas ideas sobre:
• el yugo del lenguaje en el hablante;
• la resulta de trabajar para los planes de otros y
• el endeudamiento que a diario incrementamos con nosotros mismos.
Vamos, pues...

1
La aseveración de Ludwig Wittgenstein "Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo", por su inconmensurable alcance ha generado que los filósofos sensibles a la temática de Lo que se habla (y de lo que no), fijen sus posiciones, antagónicas algunos a Wittgenstein, u otros profundizando aún más la idea de la limitación proveniente del lenguaje.

Roberto Echavarren Welker, el escritor uruguayo de la novela Ave Roc (1994) dedicada al raro existir del Doors mayor Jim Morrison, en la introducción elaborada para la obra de Friedrich Nietzsche El ocaso de los ídolos (Ed. Tusquets, 1975, pag. 09), nos arroja este aporte para que nos entendamos mejor (o al revés: nos entendamos peor) mediante el influjo devastador del lenguaje, cuando éste es usado. Lea, por favor:
"Con el lenguaje hemos heredado... una interpretación de la realidad. La estructura del lenguaje se vuelve estructura de la realidad. No nos damos cuenta de que el lenguaje nos presenta las soluciones de antemano. Usando el lenguaje sin pensarlo, sin destruirlo, usando el lenguaje sin examinarlo, como un mero medio de comunicación, lo comunicado no será nuestro pensamiento, sino el pensamiento ya incluido en el lenguaje".

2
Si nos sujetamos a los Cuadrantes Económicos de Robert Kiyosaki, mucho menos del 10% de la población (pudiera ser solo 01% o 02%") basa su vida en hacer que el dinero trabaje para los integrantes de esa rara minoría. El gran grueso poblacional (se presume en más del 70%) se desenvuelve para existir bajo la figura de gente empleada, la cual, buscando seguridad económica, opta por introducirse en la finalidad y los planes de los empleadores. No poseyendo finalidades y planes propios, la gente ubicada en este cuadrante suele tomar la actividad laboral como algo que se cumple por estricta obligación.

La gente obligada por la vida a depender de salarios, utilidades y bonificaciones de fin de año, quizá para no verse tan atrapada en las redes de los intereses ajenos, crea culturas (por ejemplo el "Hoy es viernes y el cuerpo lo sabe") que le hacen sobrellevadera el trabajo, que esta gente mayoritaria arrastra como una pesada carga. 
El británico David Bolchover con minuciosidad gerenciológica escruta la pesadumbre del mundo de las organizaciones en su libro Los muertos vivientes (Ed. Gestión).

Bolchover, colocando teóricamente a los empleados en el rango de zombis (muertos que viven muertos), despliega todo un discurso con el propósito de hacerle captar a sus lectores que "vivir muerto" no es una simple metáfora fílmica, sino que constituye una cruda realidad en la gente corporativizada.
Lo que citaré del autor aparece en las primeras páginas del libro. No lo escribió él puesto que la frase se ofrece entre comillas. Por cierto, es cortica. Mire:

Hay millones de seres humanos que no hacen nada, pero tranquiliza enterarse que la mayoría de ellos tienen trabajo; la frase, valga agregar, ilustra el apartado "Tasa de muerte en vida".

3
La realidad humana contenida en la celebre sentencia antigua "Lupus est homo homini" (El hombre es el lobo para el hombre) lenta y progresivamente se ha venido modificando en la medida en que cada Hombre (versión femenina/versión masculina), no requiriendo de los otros para depredar, se depreda a sí mismo, sabiéndolo o no sabiéndolo.

Siendo así, podríamos modificar también la sentencia en estos términos:
El hombre no necesita que los lobos humanos lo depreden, él aprendió a autodepredarse.

Indudablemente, el esfuerzo que debemos hacer para procesar que cada quien de los vivientes humanos porta (o está acompañado por) su enemigo en él mismo, no es poca cosa, pero hay una referencia que podría explicitar en grados admisibles, que este fenómeno diariamente (nos) acontece.

Fíjese usted:

En lo subjetivo la persona cuando se propone cristalizar una idea, o alcanzar materialmente un anhelo, sin poder evitarlo -más bien aúpa el asunto- se hace promesas de no desistir en lo pretendido. Las promesas a menudo, lo van comprometiendo consigo mismo a no decaer pase lo que pase y cueste lo que cueste, pero como se trata de enfrentar una realidad o de enfrentar la realidad que se le interpone entre lo que busca y lo que puede conseguir, y que no siempre lo conseguido responde a las expectativas subjetivas, este detalle o este meollo, a ritmo lento, le va minando la voluntad y la impulsividad inicial, y el solo hecho de no encontrar lo que con bríos procura, la persona se va sintiendo en deuda con ella misma. Y según más se prometa en conseguir lo buscado y menos lo consiga en las condiciones que necesita, la deuda todos los días, todas las semanas y todos los meses... se le va acrecentando. De manera que cuando usted note que alguien le luce cabizbajo o, desmejorado, con una mirada extraviada ante el infinito que tiene enfrente, no se pregunte en su interioridad que quién(es) le estará(n) haciendo daño. Mejor dígase que quien usted nota abatido y mustio es porque se intensificó en el proceso de autodestrucción personal a punta de no cumplir lo que se prometió a sí mismo.

Pensando en estas cosas el filósofo y psicoanalista Jacques Lacan, por allá en los inicios de los años 30' del siglo pasado inmediato, le legó a los interesados en estas aristas de la humana vida, una observación invalorable:

"La tarea de cada día, y la parte más preciosa de la experiencia de los seres humanos, consiste en enseñarse a distinguir, bajo las promesas que formulan, las promesas que van a cumplir".

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET