LO FATÍDICO DE LAS HUMANAS COSAS

LO FATÍDICO DE LAS HUMANAS COSAS

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LO FATÍDICO DE LAS HUMANAS COSAS 

"Si todo lo tomas personal, vivirás ofendido... Recuerda que la gente hace cosas y tú decides si te afectan o no".
Tomado de PINTEREST, EDUCACIÓN FINANCIERA.

Las personas más tóxicas que he conocido a lo largo de mi existir terrenal son esas personas celosas, delicadas y nerviosas. Y sin ignorar que lo son a menudo le arriman toda la responsabilidad de ser de ese modo, a su mamá, a su papá o a los dos, o en su defecto, a la gente que experiencia el sinsabor de convivir a diario, bien como hijos, bien como parejas con tales casos humanos de alta toxicidad psíquico-espiritual. 

Desde luego yo aquí no voy a comunicarle cómo hacerle frente a esos seres, como tampoco citaré alguna salida curativa, porque en realidad, entre tantos detalles, nadie ha podido al día de hoy. Los médicos lo que sí han hecho con estas personas es prescribirles fármacos y sugerirles que se pongan en contacto en la medida de sus posibilidades, con ambientes naturales acogedores, cosa que la carga de nerviosidades, de delicadezas y de celosías que portan, se les calme un poco.

Lo que busco más bien, consiste en enunciarle la causalidad originaria por la cual nace y se incrementa esa fatal energética.

En cierto sentido, resulta fácil (sólo) detectar la causa si nos observamos un tanto. Nos tornamos o nos vamos tornando tóxicos en el orden expuesto, porque cualquier asunto externo que nos suceda, sin importa su significancia real, a renglón seguido, lo personalizamos. Esto es, que aquello que se dice o se hace, inmediatamente lo percibimos que se dice o se hace para molestarnos, para dañarnos o en algunas veces, para destruirnos. Siendo así, asumiendo así las acciones o las palabras, comenzamos a ver al otro o a los otros, en calidad de enemigos, que lo que pretenden es quitarnos la felicidad y la calma. Y en la búsqueda de que no se nos arrebate nuestra personal calma y felicidad, hacemos infelices a los demás, siendo esos demás, por cierto, la gente que conforma nuestro entorno familiar.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (XVII)

DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (XVII)

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DA RISA PERO SIN GANAS DE REÍRSE (XVII)

Conozco una señora casada con un doctor en filosofía. En oportunidades imparte o impartía clases en doctorados de filosofías de la ULA-Mérida, según me dice la señora conocida, con lo que dejo notar que no me consta; aunque si es cierto o no, carece de interés en el siguiente relato por desarrollar.

Casi no pelean en calidad de pareja que debe soportarse en las diferencias acérrimas habidas entre los dos en el plano de lo intelectual. Especifico: Su esposo, me dice ella, lee asiduamente, por el trabajo, los textos de Jacques Lacan, Sartre, Umberto Eco, Inmanuel Kant y determinados filósofos contemporáneos aún vivos como Byang-Chul Han, Edgar Morin, Slajov Žižek, Jianuwei Xun (filósofo creado por I.A.) por nombrar algunos. Mientras que la señora conocida, de manera intuitiva, se guía por las letras de las canciones de Juan Gabriel, Rocío Durcal, Marco Antonio Solis, Leo Dan... Aunque oye a Roberto Carlos, no lo entiende mucho porque lo considera muy profundo. Me confiesa que jamás ha podido descifrar el verso de Roberto Carlos donde afirma que él "quisiera ser civilizado como los animales".

Notifiqué, comenzando esta entrega, que pese a la brecha insalvable de sus posiciones ante la vida y sus cosas, casi no se pelean, pero si la pelea es fuerte (no pasa de las inter-ofensas verbales), entonces ella se queda en la casa porque la casa es de su propiedad (la adquirió antes del matrimonio) y él se marcha unos días (a veces dos semanas) a la casa que le quedó por herencia.

Hace unos días me invitó a que viera y opinara sobre la casa del esposo, debido a que estaba de viaje por Caracas.

"Porque quiero mostrarte la porqueriza más inmunda del mundo" fue la respuesta al preguntarle porqué quería presentarme la casa. En torno a la suciedad de alto nivel alcanzada por el cónyuge en su casa, me advirtió, yendo ya para la casa con el propósito de presenciar la suciedad insuperable conseguida, la señora me adelantó que iba a mirar un basural de ropa vieja tirada por el piso, de zapatos e interiores unos por aquí y otros por allá, de libros arrumados sin ningún criterio de orden, con tres perros gigantones que tienen la casa como si fuera el hábitat natural de ellos, y como culmen de todo, el esposo hace años le pagó a un trabajador del sector de la construcción para que le demoliera las paredes de las habitaciones, por lo cual la casa ya había perdido la apariencia de vivienda común y corriente, asemejándose por aproximación, a una idea de depósito, o, cuando mucho, de galpón en completo abandono.

Sí, en efecto. Describir tal espacialidad catalogándola de "porqueriza", por parte de la señora, no obedece a ningún ánimo de exagerar, medité yo la noche del día en que tuve la ocasión de estar frente a frente con la realidad material de un alma humana en estado de descomposición, quizá -creo yo- por absorber tantos contenidos filosóficos de envergaduras variadas, elaboradas por pensadores nacidos en la matriz de la civilización occidental, y que alguien de estos mundos, situados en occidente en el rango de países marginales, probablemente los entienda y hasta los explique, mas al carecer de estímulos académicos, de buenas remuneraciones y más que nada, de no tener una compañera sentimental en sintonía con preocupaciones basadas en abstracciones incomprensibles para un cerebro como el de ella, que se insuma oyendo la simplura estándar de baladas y rancheras.

Y en verdad el señor en su caso, hace bastante en no demenciarse. No obstante, estando espiritualmente tan solo, la dejadez o el hartazgo de no contar con su pareja, indudablemente alcanza un pico máximo, cuando él prepara sus clases o se somete al rigor de sus cavilaciones, entretanto ella oye, digo yo, "Por un caminito" de Leo Dan o "Amor eterno" con Juan Gabriel o con Rocío Durcal.
Por mi parte, concluí que ese zaperoco de sucios de todo tipo, que ese ambiente cloacal que es propio de los rellenos sanitarios, contenido en el aposento del esposo de la señora, probablemente le brinde el acompañamiento existencial que su esposa por razones obvias nunca le podrá regalar.
Por último, dejo esta frase poca conocida, en el ánimo de buscarle comprensión a la paradoja del agrado por la suciedad:
"Solemos exteriorizar en el afuera aquello que tenemos por dentro, para vernos reflejados en algo o en mucho".

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET

LA DEMOLEDURA

LA DEMOLEDURA

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LA DEMOLEDURA 

"Si para construirme, primero debo destruirme...¡Qué comience la demolición!
Sr. Caballero (extraído de TIK TOK).

Para entender más o menos, más o menos digo yo, es para expresar mi humildad en torno al tema a tratar en la brevedad de esta Entrega, qué significa en el mundo de los humanos un derrumbe (una debacle, un hundimiento...), se hace obligatorio pasearnos por las veredas, o mejor, por los vericuetos de la desmoralización.

Si entendemos que una vez desmoralizados nos sobreviene como correlato macabro, el desánimo absoluto, entonces la historia del derrumbamiento se nos hace comprensible, habida cuenta que nadie, una vez desmoralizado, puede continuar, espiritual y psíquicamente, levantado. Eso se capta en los encuentros deportivos (fútbol, béisbol, boxeo...). Cuando alguien del equipo comete un error o una equivocación garrafal, cuesta mucho que el equipo logre reponerse. Si el equipo contrario le saca provecho, en la medida que avance el tiempo del encuentro, la desmoralización va haciendo mella la moral que pudo haber quedado luego de cometerse el error o la equivocación, que en términos prácticos lo que ven los espectadores no son deportistas optimistas que juegan a ganar. Lo que se ve en el campo son unos fantasmas que deambulan por aquí o por allá en el terreno, aguardando, casi muertos, el final del encuentro.

Ahora bien,¿qué será eso que nos obliga por la fuerza descomunal que contiene, a doblegarnos en el alma, en la mente, en el ego? 

Por experiencia propia o por casos presenciados, lo que nos desmoraliza en un momento determinado de nuestra existencia, es cuando queda, demostrada ante uno mismo, de manera inequívoca, indiscutible y objetiva, nuestra inutilidad. Cuando no queda más remedio que percibir y aceptar inobjetablemente que hemos sido unos inservibles para aquello que nos preparamos, ora, en el deporte, ora, en relaciones políticas, empresariales o sentimentales.

Hubo un filósofo presocrático, me refiero a Empédocles de Agrigento, alumno de Heráclito y de Pitágoras, quien aparte de filósofo, ejerció la poética, la medicina y la política. De sus aportes, quiero terminar esta entrega con una meticulosa idea respecto al humano derrumbamiento, idea que exige también ser deglutida y procesada meticulosamente. Es esta la idea:

CUANDO TODO SE DERRUMBA, NO SIEMPRE ES EL FINAL: A VECES SIGNIFICA REORDENAMIENTO.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET