LA ÚLTIMA ALIMENTACIÓN

LA ÚLTIMA ALIMENTACIÓN

Read post

          

LA ÚLTIMA ALIMENTACIÓN 

Comer es una necesidad pero para comer de forma inteligente es un arte.
FRANÇOIS DE LA ROCHEFOUCAULD (1613-1680).

Uno de mis contactos personales, al que veo materialmente tres o cinco veces al año, tan pocas veces porque las ocupaciones intrascendentes de él como por las mías, iguales de intranscendentes, nos impiden vernos más a menudo (intrascendentes, aclaro, ya que sólo me implica a mí las mías y las de él las suyas), me contó telefónicamente que fue invitado la primera semana del mes inmediatamente pasado (julio del 2025) a una charla informal en donde iba a ser tratado el tema de la dieta y el peso.

Me dice el contacto que quien lo invitó fue una de sus profesoras de pregrado, quien desde que se enteró de su rigor alimenticio, se preocupó por su salud. Esta preocupación a la larga se fue tornando en la causal para iniciar entre ambos una interesante amistad profesional.

La profesora, me dice el contacto, nunca ha estado de acuerdo como él cumple rigurosamente el régimen alimentario, y la invitación la hizo con la esperanza, se supone, de que tal régimen sufra alguna variación. De que él logre introducir algún elemento nuevo a su dieta de tantos años.

Seguidamente reproduciré el texto enviado por el contacto, en el que me resume el contenido de la informal charla.

Creo útil decir que el charlista fue tan efectivo, que el susodicho me confesó que incorporará a la dieta rigurosa dos cucharadas de mayonesa los sábados, que es cuando el almuerza con zanahoria y cebolla rayada acompañándose con dos lonjas de pan cerealero.

Bueno, he aquí el texto reproducido.

En uno de los lluviosos días de julio, asistí a una charla sobre nutrición y dietética, dirigida a personas por encima de los 45 años.

Muy poco fue lo que entendí, reconozco, pero destaco el evento porque quien hizo el papel de disertador fue un caballero, cuyo peso sobrepasa tranquilamente los 115 kilos, debido a su alta estatura y a su corpulenta y un tanto grasienta corporeidad.

El trato que le dio a los asistentes y a él mismo fue de enfermos. Sobre todo de gente enferma de diabetes o a punto de comenzar a padecerla, debido a la propensión imparable de consumir azúcar en casi todo.

Casi prohibió, a la larga de la charla, probar cereales y especialmente la avena. También en ese orden habló barbaridades de las frutas, destancando la malignidad de la naranja. Todas ellas, las frutas, están llenas de azúcar o de harina, como es el caso del cambur. Por lo tanto hay que ignorarlas.

Habló horripilancias del arroz, las pastas y los lácteos. Maldijo, y es literal la maldición, los postres.

Lo curioso, es que en su propuesta permite consumir toda la grasa que se quiera y solicitó no escatimarse en el consumo de huevos.

Ya al final, a manera de despedida, le ofreció como regalo a cada persona asistente una bolsa de chicha instantánea, obsequió que ninguno recibió; me imagino que lo hizo fue como para tener él, el caballero disertante, una señal comprobatoria de que su desanimante charla para que abandonemos las harinas, los lácteos y la azúcar, surtió efecto.

Ílmer Montana.
Pregrado en Literatura ULA y
Magíster en Gerencia UNET